Inmunidad y automultiplicación proteica

(Madrid, Revista de Occidente, 1954, 230 pp.).

En IBYS –cuyo objetivo era la puesta al día de sueros y vacunas- la atención de F. Cordón se desplazó inicialmente desde el campo de la enzimología (obtención, purificación y evaluación de enzimas proteolíticos) al de la inmunología. Un problema enzimológico práctico (la desantigenización, por proteolisis, de la caseína para utilizarla en la producción de sueros) le llevó a enfrentarse con un problema teórico inmunológico básico: la sensibilización de un animal a una proteína extraña al mismo o anafilaxia (mientras la primera inyección no tiene ningún efecto notorio sobre el animal, la segunda le produce un choque llamado “anafiláctico” que puede provocar su muerte). Pero, de tal modo y hasta tal punto, que ese estudio acabó determinando la inflexión más decisiva de su trayectoria científica.

La primera reacción de F. Cordón ante los fenómenos de inmunidad -tan alejados de los fenómenos químicos a los que estaba acostumbrado- fue de sorpresa. Su perplejidad puede explicarse por el débil desarrollo de la inmunología y por el vacío bibliográfico español de la época. Pero, por otra parte, fueron precisamente esas limitaciones las que le permitieron estudiar los hechos con mayor libertad y dar una explicación de los mismos distinta y más rigurosa que la correspondiente a la inmunología de la época. Por de pronto, según la teoría en vigor, el primer efecto de toda inmunización es la liberación y la multiplicación de anticuerpos (seroglobulinas del animal inmunizado); y, en cambio, conforme a la hipótesis de F. Cordón, ese efecto aparece como consecuencia de una primera multiplicación intracelular del antígeno (la proteína extraña inmunizante) o de alguna de sus estructuras, lo que implica la consideración de la reproducción del antígeno como un fenómeno biológico y no como un fenómeno estrictamente químico o molecular. Supuesto eso, F. Cordón fundamentó su hipótesis de trabajo conforme a las exigencias de la ciencia experimental: 1) estudió y tradujo al español el tratado de Doerr sobre inmunidad (Die Inmunitätsforschung), cuyos ocho tomos estaban entonces en curso de edición, con el fin de comparar la interpretación vigente con la propia; 2) comprobó, no sólo que eran diferentes, sino que su teoría explicaba mejor los hechos; y 3) reforzó esa conclusión comparando en el laboratorio las dos interpretaciones experimentando con determinantes inmunológicos de la toxina tetánica en el cerebro del cobayo (determinantes que, aun sin efecto tóxico, pueden compararse por su capacidad para neutralizar el suero antitetánico).

Inmunidad y automultiplicación proteica –su primer libro- fue el texto en que expuso su interpretación de los hechos, contrastándola con todos los datos accesibles sobre inmunidad. Revisó y reorganizó la teoría inmunológica en función de esa interpretación, desarrolló otras conclusiones problemáticas y teóricas, y apuntó las perspectivas abiertas en otros campos de la biología. Su modo de ver daba unidad a campos de la inmunidad hasta entonces inconexos e interpretaba hechos sin él inexplicables, como son las características de los anticuerpos naturales (como los grupos sanguíneos), la aplicación de la inmunidad cruzada para descubrir el grado de parentesco filogénico entre animales, el mecanismo de los venenos por antigenicidad (de las toxinas), etc.

La actitud de F. Cordón ante la ciencia cambió radicalmente con su estudio en profundidad de la inmunización. Hasta entonces se había venido sintiendo cómodamente instalado en la química orgánica y la bioquímica de la época, pero, al descubrir el carácter abierto de la ciencia, cuestionó la veracidad absoluta de la ciencia e impulsó críticamente su propio pensamiento con mayor libertad. Así, su problemática científica se transformó de bioquímica en biológica y de experimental en evolucionista; propugnó la existencia de un primer nivel del ser vivo, intermedio entre la molécula y la célula, como clave de la comprensión de los fenómenos de inmunidad; y se enfrentó, por primera vez, con el tema central de la biología –la naturaleza del ser vivo: qué es un ser vivo-, buscando su solución evolucionista.

Lo más importante de la teoría inmunológica de F. Cordón no fue, por tanto, la explicación más coherente de los hechos o la unificación de diversos campos de la inmunidad hasta entonces inconexos, sino el hallazgo teórico de una problemática propiamente biológica a partir de esa base científico-experimental.

Faustino Cordón: claves de su pensamiento.

Rafael Jerez Mir.