Glosario

En este glosario se incluyen las definiciones de los términos que cumplen la condición de ser empleados por F. Cordón con un significado concreto que difiere del habitual. El lector que lo consulte advertirá que, con frecuencia, la definición de un término conduce a la de otro. El objetivo del glosario es apoyar una interpretación exacta de los textos del autor.

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O

Ontogénesis. Como proceso ontogenético de un ser vivo se entiende la comprensión ab origine del conjunto de los cambios progresivos de su configuración somática y de su capacidad funcional en términos de los agentes en presencia, a saber, de él mismo, que en cuanto surge como unidad de integración hasta su aniquilación en la muerte, preside la ontogénesis, y del conjunto de los seres vivos de nivel inmediato inferior constituyentes de su soma.

Ontogenia. Reservamos el término ontogenia para la descripción formal (haciendo caso omiso de los agentes) de los cambios observados en el proceso ontogenético de un ser vivo.

Organismo. Con esta palabra designamos el campo físico unitario en que radica la individualidad de todo ser vivo, y que se define por tres caracteres:

1 estar constituido por las alteraciones ambientales confluentes causadas por las oscilaciones de los organismos de un conjunto de seres vivos pertenecientes al soma de aquél e íntimamente cooperantes, que constituyen un conjunto especializado en producirlo (estos seres vivos de nivel inmediato inferior tienen, pues, una modalidad de acción y experiencia muy especializada definida por la capacidad de percibir alteraciones del organismo superior y de actuar para corregirlas);

2 ser alterado directamente por el estímulo del ser vivo en cuestión, para lo que organismo y estímulo han de poseer la misma naturaleza física y ser producidos por sendos conjuntos de seres vivos de nivel inferior, distintos pero íntimamente coordinados (los seres vivos de nivel inmediato inferior especializados en producir en cooperación el estímulo han de poseer una modalidad de acción y experiencia definida por la capacidad de percibir alteraciones ambientales causadas por cada acción y responder expertamente a ellas con la consiguiente modelación del estímulo originado continuamente entre todos); y

3 estimular con sus alteraciones a un tercer grupo de seres vivos de nivel inmediato inferior asimismo íntimamente cooperantes que constituyen un conjunto especializado en guiar entre todos la próxima acción somática sobre la experiencia de la previa (la modalidad de acción y experiencia de estos seres vivos de nivel inmediato inferior, está definida, pues, por la capacidad de percibir las alteraciones del organismo, causadas todas en definitiva por la acción somática previa, y en responder a ellas modelando entre todos la siguiente acción somática del ser vivo superior).

Los seres vivos de estos tres grupos, así especializados en producir y aprovechar instante a instante el organismo del ser vivo de cuyo soma forman parte, poseen, pues, sendas modalidades de acción y experiencia pero que las tres poseen una característica común que los distingue como muy especializados y culminantes entre todos los seres vivos de su nivel: o bien causar entre todos un campo físico coherente de una determinada forma de energía (grupo 1 y (2), lo que constituye la culminación de la actividad asociativa entre seres vivos de su nivel; o percibir las alteraciones de este campo físico (grupos 1 y (3) lo que constituye el límite irrebasable al que puede alcanzar la capacidad perceptiva de los seres vivos de este nivel inferior. Sin duda, en la filogénesis, los tres grupos no se han especializado simultáneamente, sino que han tenido que irse diferenciando en un orden forzoso (ya que cada grupo requiere el previo como condición funcional sine qua non). En efecto, las últimas inflexiones evolutivas de la asociación ancestral del ser vivo de un nivel dado tuvieron que consistir sucesivamente: en la constitución del grupo 3, como culminación de la actividad asociativa entre los componentes de la asociación; en la diferenciación de parte de este grupo para constituir el grupo 2, capaz de percibir los efectos de 3 y tomarlos como guía de la actividad asociativa; y, por último, en la diferenciación de parte del 2 para constituir el 1, especializado en corregir permanentemente el campo físico creado por 2 y en constituirlo en referencia permanente de la acción conjunta (en el organismo del nuevo ser vivo). En resumen, en la filogénesis (y en la ontogénesis) de los seres vivos de los tres niveles (protoplásmico, celular y animal) se han tenido que suceder, como últimos hitos fundamentales de la evolución de la asociación ancestral, en este orden: la realización de una actividad conjunta por los individuos de la asociación, esbozo de la acción somática del futuro ser vivo superior; el estímulo propio de este ser vivo aunque todavía operando directamente sobre los individuos de la asociación; y, por último, el organismo del nuevo ser vivo.

Con la aparición del organismo en que radica la unidad (individualidad) de nuevo nivel, surge el ser vivo de nuevo nivel. De este modo (evolutivamente) el organismo define al ser vivo. Por lo demás, los tres grupos señalados de seres vivos del soma directamente relacionados con el organismo superior poseen por ello un tempo común, esto es, están tan íntimamente coordinados los tres que entre todos constituyen un solo órgano (organelo u organélulo, según el caso), el órgano genuino de la acción y experiencia del nuevo ser, que, en un comienzo, abarca todo el soma y del que, posteriormente, se irán diferenciando órganos (organelos, organélulos) subordinados a su servicio.

En lo anterior hemos expuesto la naturaleza física del organismo de todo ser vivo y su proceso de origen a partir de los organismos de seres vivos del soma de aquél (por tanto del nivel inmediato inferior y con el tipo de acción y experiencia propio de este nivel) cooperando íntimamente todos, pero subdivididos en tres grupos caracterizados por sendas modalidades de acción y experiencia. De lo expuesto resulta manifiestamente: (1) que el organismo es una unidad, de una determinada naturaleza física común a los organismos de todos los seres vivos de un nivel, la de las alteraciones ambientales producidas por las oscilaciones de los organismos de nivel inferior (es, en efecto, una unidad porque, en cuanto campo físico circunscrito, trasciende instantáneamente en todas direcciones por todo él la modificación de cualquiera de sus partes); (2) que esta unidad (como toda unidad genuinas) para mantenerse ha de estar contrapuesta al todo en evolución en el momento y lugar ocupado por el ser vivo y hasta su nivel de integración (en efecto, por una parte, el organismo, como remanso de energía que resulta de un proceso continuo, ha de estarse reponiendo permanentemente, y, por otra, ello es posible porque las alteraciones que afectan coherentemente al organismo de un ser vivo proceden del estímulo de éste producido por la actividad asociativa de un grupo de individuos del nivel anterior y son interpretadas y corregidas por la actividad asociativa de otros dos grupos de seres vivos de nivel inferior, y estos tres grupos han resultado y se mantienen de la culminación conjunta del nivel inmediato inferior, y, a su vez, lo mismo puede decirse del organismo de cada uno de los seres vivos de nivel inferior considerado, y así, sucesivamente, de nivel en nivel en orden descendente); y (3) que el organismo de un ser vivo permite que los seres vivos constituyentes del soma de aquél orienten sus acciones particulares por datos de una experiencia de nivel superior, a saber, por los efectos favorables o desfavorables causados por la influencia de la propia acción sobre la actividad asociativa de todos, efectos perceptibles, momento a momento, gracias al estímulo y después, mejor, gracias al organismo superior que la refleja (en una palabra, el organismo permite que los seres vivos del soma organicen la realidad entorno de un modo conveniente para el ser vivo in toto, esto es para la acción somática superior).

Para poder orientar la acción y experiencia de los seres vivos que cooperan en un soma, el organismo superior (en trance permanente de surgimiento desde seres vivos somáticos y de desaparición) ha de durar en cada surgimiento lo suficiente para orientar la próxima acción somática. Nótese que lo que guía cada acción superior sobre la experiencia de la previa ha de ser necesariamente el conjunto de los tres momentos de que consta cada uno de los actos elementales cuya sucesión constituye el organismo: el de alteración por el estímulo determinado por la previa acción, el de recuperación del estado normal, y el de estado normal mismo, (que pasará a ser alterado por la siguiente acción, etc.). Sin duda, el organismo superior puede orientar la acción y experiencia de los seres vivos subordinados (de las que él resurge continuamente) gracias a que cada uno de los momentos de su dinamismo, dura un tiempo, por breve que sea, que lo hace perceptible para los seres vivos subordinados; este tiempo mide la inercia del campo físico que constituye el organismo, inercia in terna de lo homogéneo a la que se refiere el segundo principio de la termodinámica. Paradójicamente, pues, esta ley física general que expresa la tendencia universal a la nivelación aparece como condición indispensable para la integración (sobre el previo) de un nuevo nivel de acción y experiencia; podríamos decir, que el origen evolutivo del organismo enseña cómo la libertad se apoya en la necesidad.

Pero hasta aquí hemos considerado al organismo sólo en su relación con los seres vivos de nivel inferior y, más concretamente, con la acción y experiencia de estos. Falta por señalar un ultimo punto esencial; a saber, desde que surge un organismo aparece, como cualidad fundamental suya, la capacidad de experiencia integrada de la acción cumplida en cooperación por los seres vivos de la asociación de la que el resulta. Con ello esta asociación deviene un ser vivo un soma guiado por un organismo, un nuevo foco de acción y experiencia (una unidad enfrentada al todo que se constituye en fin para sí misma). De este hecho, tenemos vivencia directa (nosotros somos esta experiencia a nuestro nivel animal y ante nuestro medio humano) y hemos remitido su explicación a la posesión de la misma capacidad por los organismos de nivel inferior (celulares), la de éstos a la capacidad de experiencia de los individuos protoplásmicos a de estos a la de moléculas y así sucesivamente en orden decreciente de nivel. Con ello, parece constituir una ley universal (complementaria del segundo principio) la estructuración de toda la realidad en unidades contrapuestas al todo en evolución (organismos) adaptadas a la realidad que éste les ofrece así como modeladoras un cuanto de esta realidad en el entorno en que ésta se constituye en medio.

Órgano, organelo y organélulo. En el soma de un ser vivo (en el conjunto de seres vivos de inmediato inferior que cooperan en la acción somática de aquel) hay que distinguir subconjuntos especializados en la realización de subacciones que cooperan de distinto modo a la acción somática, integradora de ellas, unitaria, de cuyo efecto obtiene su experiencia individual el ser vivo considerado. Para estos subconjuntos del soma reservamos los nombres de órgano, dentro del soma animal, del organelo, dentro del soma célula, y de Organélulo, dentro del soma protoplásmico; por tanto, los órganos constan de células cooperantes, los organelos de individuo protoplásmicos cooperantes, y los organélulos de moléculas proteicas asimismo cooperantes.

Según lo anterior, los órganos (y, análogamente, los organelos y los organélulos) solo pueden actuar y por tanto sólo tienen sentido, dentro del soma que integran entre todos, soma que, a su vez, exige, como complemento indispensable, el organismo que preside a la acción somática (y que, a la vez, resulta de ella). Por tanto, el soma indiferenciado aún, en el que todos los seres vivos (de nivel Inmediato inferior) que lo constituyen poseen la misma actividad asociativa y estructura análoga, precede (en la filogénesis y en la ontogénesis) al soma Progresivamente diferenciado en órganos. Ni que decir tiene que cada diferenciación (del soma en dos órganos, de un órgano en dos) resulta del perfeccionamiento previo de la acción (y experiencia) del soma diferenciado hasta el grado anterior, que llega a un límite que exige la especialización de funciones auxiliares coordinadas, dentro de la acción somática, por el organismo animal. Por tanto, la organización endógena de órganos dentro de un soma persistente es un carácter esencial de la ontogénesis (y filogénesis) de los seres vivos.

En fin, hay que distinguir la diferenciación de los órganos entre sí, dentro del soma, de la diferenciación de los seres vivos, de nivel inferior, cooperantes que los constituyen. Lo que distingue entre sí los órganos es su distinta función conjunta dentro de la acción somática general guiada por experiencia, y, en consecuencia, el distinto tempo funcional de los diversos órganos de un soma, armonizado por el organismo (por la experiencia) del ser vivo cuyo soma ellos constituyen. Por último la diferenciación de órganos (y, en su caso, de organelos y organélulos) suele exigir, como condición importante, la constitución de dispositivos de reserva energética especiales al servicio del distinto tempo.