Biografía científica

HASTA 1945. PERÍODO DE FORMACIÓN COMO QUÍMICO Y BIOQUÍMICO.

El científico español Faustino Cordón Bonet nació en Madrid en 1909. Estudió la carrera de farmacia en la Universidad Complutense de esta ciudad, donde se licenció en 1933. Al comenzar la guerra civil española preparaba la oposición a cátedra de química orgánica, pero al finalizar ésta le obligaron a apartarse de la enseñanza. Desarrolló su carrera profesional en la industria privada dedicado a la investigación experimental.

Desde 1941 hasta 1945 trabajó en los laboratorios Zeltia. Su director fue el Dr. Fernando Calvet (bioquímico formado con los premios Nobel Euler y Wieland, y apartado de su cátedra universitaria por sus opiniones políticas) al que F. Cordón siempre consideró su maestro. Con él logró una buena preparación de químico experimental y aprendió a desarrollar con rigor su capacidad de observación en el laboratorio.

Su primer trabajo fue analizar por qué la insulina de ciertas marcas comerciales, una vez disuelta, presentaba una gran inestabilidad. Descubrió que la causa era la existencia de un enzima pancreático que denominó insulinasa y del que describió sus características.

DE 1945-1958. COMIENZO DE SU TRABAJO TEÓRICO DESDE LOS EXPERIMENTOS EN INMUNIDAD.

Los hechos de inmunidad le sugieren la existencia de un ser vivo,
de naturaleza proteínica, entre la molécula y la célula.

En 1945, en Madrid, continuó su trabajo para la industria farmacéutica en el Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS) especializado en sueros y vacunas.

Allí su experimentación en inmunidad le llevó a inducir que el primer hecho de cualquier proceso de inmunización en un animal es la multiplicación de la proteína externa inmunizadora (antígeno) en un tipo de sus células que posee una proteína muy similar, multiplicación que provoca en estas células un trastorno; en tanto que las células afectadas sintetizan la proteína extraña también la expulsan y es neutralizada por otra proteína (anticuerpo) producida por las células de su sistema inmunitario. Para la inmunología vigente el efecto primero de toda inmunización es la multiplicación del anticuerpo, para F. Cordón este efecto es una respuesta secundaria a la continua multiplicación intracelular del antígeno en un tipo de células perturbadas del animal que posee una proteína propia muy semejante a él.

Después de elaborar esta hipótesis estudió y tradujo el Tratado de Inmunología de R. Doerr (Die Inmunitätsforschung), publicado en ocho tomos. Esta obra le permitió: considerar hasta que punto su opinión difería de la que es comúnmente aceptada; constatar que todos los hechos observados por la inmunología eran conciliables con su interpretación; comprobar que los hechos mal interpretados o no interpretados en la teoría actual se integraban bien en la suya. Por todo ello se mantuvo fiel a su hipótesis de que proteínas extrañas se multiplican en determinadas células específicas del animal provocando en él procesos de inmunidad.

Para comparar la explicación en uso de los fenómenos de inmunidad y la propia realizó un experimento en el que midió los determinantes inmunológicos de la toxina tetánica (un antígeno) que inyectó en el cerebro de cobayos. Demostró que los animales inoculados multiplican en su cerebro los determinantes inmunológicos del tétanos hasta rebasar ampliamente la toxina introducida, determinantes que pudo medir por su capacidad de neutralizar el suero antitetánico. En 1954 expuso su interpretación de la inmunidad en el libro Inmunidad y automultiplicación proteica.

Su investigación en inmunidad le fue imponiendo que la proteína globular no es reducible a una simple macromolécula, ni su comportamiento se puede explicar exclusivamente por las leyes de la química. Sus observaciones señalaban la existencia de una organización intermedia entre la célula y la molécula, con un comportamiento característico que la diferencia de la una y de la otra. Postuló la existencia de un ser vivo de naturaleza proteínica, directamente subcelular y supramolecular, que denominó provisionalmente individuo protoplásmico.

“Claro que inicialmente la idea de que hubiera un nivel de foco de acción, experiencia y conciencia inferior a la célula me repugnaba, iba contra mis prejuicios. Durante cien años la célula se había impuesto como la unidad primordial de la vida, aunque ciertamente antes la célula era concebida como una suerte de caja donde funcionaba la materia viva. Mi descubrimiento conectó con este pensamiento clásico”.

Sus trabajos en inmunidad determinaron el comienzo de su actitud crítica respecto a la biología vigente. Mientras la inmunología actual, como la biología en general, trata de explicar los seres vivos estudiando el comportamiento de sus moléculas (busca inútilmente explicar los hechos biológicos mediante las leyes de la química), a F. Cordón, por el contrario, sus experimentos en inmunidad le impulsaron a transformarse de químico en biólogo, desde su convicción de que la interpretación de los fenómenos de inmunidad son inabordables sin entender los seres vivos que los provocan.

Aunque en esta época F. Cordón ya estaba convencido de la existencia de un nivel proteínico entre la molécula y la célula, aún no comprendía con claridad la naturaleza de la proteína (cuestión que contestaría posteriormente), por lo que se propuso entender lo que llamaba nivel proteínico o protoplásmico. Comenzó por comparar el comportamiento de las proteínas con el de las moléculas y por preguntarse por el proceso de surgimiento de las proteínas desde moléculas complejas, esto es, se planteó el origen del ser vivo desde lo inorgánico en la superficie terrestre.

Crítica a la interpretación reduccionista del surgimiento de la célula directamente desde la molécula, en especial desde los ácidos nucleicos.

El origen de la vida para los biólogos es sinónimo del surgimiento de la célula desde la molécula, ya que para ellos la célula es el ser vivo más sencillo. Además, la interpretación dominante sobre el origen de la célula es la de que ésta se organizó desde los ácidos nucleicos y que, desde entonces, la mutación aleatoria de los ácidos nucleicos en la célula es el motor de la evolución biológica.

Para F. Cordón esta suposición dota a los ácidos nucleicos de capacidades incongruentes con el nivel molecular, capacidades que ningún químico ha observado en ninguna molécula. F. Cordón afirmó que 1) suponer que los ácidos nucleicos pueden inducir la propia reproducción, producir otras moléculas de composición notoriamente distintas a ellos, las proteínas, y todo ello sin consumo de sí mismos, y 2) suponer que las proteínas son moléculas capaces de reconocerse espacialmente y coordinarse entre sí para establecer el incesante dinamismo del interior de la célula, es atribuir tanto a los ácidos nucleicos como a las proteínas propiedades que rebasan el comportamiento de todo tipo de molécula.

El descubrimiento posterior en biología (que pone en entredicho la interpretación inicial de los ácidos nucleicos) de que la producción de los ácidos nucleicos y de las proteínas en el interior de la célula son procesos causados por la actividad de proteínas coordinadas en la célula, y no por los ácidos nucleicos, no ha cuestionado la noción de que las moléculas de ácidos nucleicos posean las misteriosas capacidades sustantivas que se les atribuyen. F. Cordón razonó que el hecho de que se mantengan estas incongruencias en la interpretación de las capacidades de los ácidos nucleicos se debe, una vez más, al peso del desarrollo de la química sobre la biología o, dicho de otro modo, al peso del reduccionismo a lo molecular de lo biológico, que lleva a considerar a los seres vivos como sistemas moleculares mas o menos complejos, y que obliga al biólogo a prescindir de plantearse su objetivo: entender el ser vivo en su condición esencial de agente. Introducción a la reproducción y a la herencia de las unidades de integración.

“...Desde que, hacia mis cuarenta años, percibí la inseguridad de algunos principios de la ciencia admitida (desde que se me desmitificó la ciencia y la vi como lo que es, no un edificio concluso sino una tarea a realizar) mi pensamiento adquirió una cualidad nueva: ...he tenido la tendencia, no a negar la convicción propia, sino a tratar de apoyarla en el pensamiento general admitido. Siempre he procurado una crítica constructiva que buscara poseer a fondo no las lagunas y debilidades de lo que leo (lo que en general es fácil) sino el fondo de verdad descubierto…”

La necesidad de conceptos biológicos, y no químicos, para una interpretación de los seres vivos.

Por entonces su respuesta al origen de los seres vivos desde la molécula se redujo a argumentar que la propuesta de la existencia de un nivel proteínico entre el molecular y el celular obliga a interpretar el proceso de evolución desde la molécula hasta la primera célula en dos grandes etapas sucesivas: 1/ la etapa de la evolución molecular de la cual surge la primera proteína, y 2/ la etapa de la evolución proteínica que culmina con el origen de la primera célula. Ahora bien, su conclusión fundamental fue la de que no es posible comprender el origen y evolución de los seres vivos sin una interpretación correcta de la naturaleza de éstos.

En esta época F. Cordón consideraba ya con firmeza la necesidad de definir, desde los datos experimentales, los conceptos biológicos que permitan fundamentar una biología interpretada desde el proceso de la evolución, lo que para él implicaba comprender como en este proceso han ido apareciendo sucesivamente los seres vivos de diferentes niveles de complejidad, ya que la jerarquía de la composición de éstos sugiere implícitamente que no han surgido simultáneamente sino que lo han hecho de modo secuencial en etapas progresivas de la evolución biológica.

En 1958 reunió una serie de conferencias sobre sus reflexiones más generales de entonces en un libro que tituló Introducción al origen y evolución de la vida.

Además, durante este periodo realizó las primeras traducciones al castellano de libros claves de la biología de la época, como Genetics and the origin of species de Th. Dobzhansky o Animal Species and Evolution de E. Mayr, que le permitieron intuir las implicaciones de sus incipientes conceptos en biología.

Así, a partir de sus trabajos experimentales en inmunidad, surgió el núcleo originario de su teoría sobre los seres vivos y empezó a cuestionarse qué es un ser vivo, cómo un ser vivo surge de seres vivos del nivel inmediatamente inferior y cuántos niveles de ser vivo hay. CRITICA

DE 1958 A 1966. DE BIÓLOGO EXPERIMENTAL A BIÓLOGO EVOLUCIONISTA. EL INICIO DE SU CONCEPTO DE SER VIVO.

En 1958 creó el Departamento de Investigación de IBYS que dirigió hasta 1966. Esta actividad le obligó a una desespecialización forzada y a desplazar su atención desde la inmunidad hacia otros problemas de la biología. En esta época abarcó temas y técnicas muy diversos: purificaciones de antitoxinas y de toxoides de depósito, preparados relacionados con la coagulación de la sangre, protectores hepáticos, prevención y tratamiento de ateromatosis, sustitución de enzimas digestivos, reposición de la flora intestinal, diuréticos, remedios contra la úlcera gastroduodenal, estudio de un antiácido, etc.

El estudio del animal le aproxima a su interpretación del ser vivo.

Al tiempo que F. Cordón experimentaba un preparado que equilibrara el efecto de la secreción gástrica, estudió la función gástrica y, después, el animal mismo.

El animal es el tipo de ser vivo al que pertenecemos, con el que estamos más familiarizados y del que sabemos más y más profundamente (taxonomía, anatomía, fisiología, embriología zoológica, teoría de la selección natural, estudios de la conducta animal y humana...). Nuestro autor comenzó su trabajo sobre el animal tratando de comprender las leyes de su evolución, para lo que efectuó una revisión sistemática del pensamiento de Darwin. Las conclusiones de su reflexión correspondiente a esta etapa las resumió en el libro La evolución conjunta de los animales y su medio.

"...(los biólogos experimentales) han aplicado diversidad de técnicas a dilucidar fenómenos y procesos desde puntos de vista muy distintos, en general relativos a la intimidad de los seres vivos, lo que les ha ido especializando en el desarrollo de cuerpos de conocimientos experimentales (fisiología animal, fisiología vegetal, citología, bioquímica, inmunología, etc.) muy desconectados entre sí, y cada uno, en general, carente de sistema teórico propio general. Pienso que la tarea actual de la biología evolucionista ha de ser no sólo basarse en el riquísimo acervo de datos experimentales para avanzar en el desentrañamiento del proceso de la evolución biológica, sino complementariamente (como hizo el darwinismo con las ciencias biológicas empíricas que le precedieron) ha de conseguir una interpretación teórica general para cada una y para el conjunto de las ciencias biológicas experimentales, en cuanto que toda manifestación de todo ser vivo y de sus asociaciones ha tenido que originarse dentro del proceso general de la evolución biológica.
En el último párrafo del Origen de las especies, su concepto de la proliferación, a lo largo de las eras, de las especies animales, en virtud de distanciados procesos de bifurcación de una especie en dos, llevó a Darwin a formular su poderosa inducción de que todas las especies pueden proceder de un muy contado número de remotas especies originarias, tal vez, dice, de una sola.
A pesar de esta aseveración, él no podía enunciarse el problema, que hoy puede parecernos inmediato, de cómo surgió el primer animal; se entiende que, para su mente objetiva y racional, careciese de sentido el surgimiento del primer animal que, antes de haberse explorado la célula y el complejo acontecer intracelular, él tenía que imaginar producido directamente desde lo inorgánico, lo que de hecho es un problema sin sentido, a saber, cómo de materia muerta puede surgir un ser animado íntimamente tan complejo. Pero el orden de nuestros problemas evolucionistas ha de ser otro que en tiempos de Darwin. El avance de las ciencias experimentales ha acumulado un gran caudal de conocimientos que, por una parte, permite plantear preguntas de nuevo tipo como la de cómo pudo producirse la primera célula, sobre la evolución de los seres vivos de nivel directamente supramolecular e infracelular, y la de qué sea, pues, la unidad celular por su proceso de origen.”

El estudio de la obra de Darwin le llevó a preguntarse por el origen y la naturaleza del animal y el trabajo experimental que estaba realizando sobre la secreción gástrica le sugirió respuestas, algunas de las cuales se recogen en su prólogo (I y II) al libro de Antonio Colodrón, La medicina corticovisceral. Sus fundamentos fisiológicos (p. 7-83) y en Antonio Núñez, Conversaciones con Faustino Cordón sobre biología evolucionista (p. 199-240).

En esta época propuso una primera hipótesis sobre el origen del animal y la refiere a una asociación de fagocitos que, por ventajas selectivas concretas, se fue constituyendo en una gástrula que acabó por coordinar con creciente eficacia las células protomusculares y protonerviosas hasta culminar en el primer sistema nervioso y, con ello, en el primer animal. Por primera vez en la evolución la acción mecánica privativa del animal permite la captura de alimento sólido que, después de ser degradado por sus células digestivas, es repartido a todas las células del soma animal e incorporado por éstas para reponer su desgaste. FIBE, Introducción al origen de una unidad de integración en la filogenia.

Su primera definición de ser vivo: un agente capaz de acción y experiencia.

Su reflexión sobre la naturaleza del animal permitió a F. Cordón seguir avanzado en su intento de comprender el ser vivo de forma más objetiva que la basada en su descripción (esto es, la basada en los datos sobre su composición y su estructura). Fue por esta época cuando expresó su primera definición de ser vivo en la que destacó las propiedades que consideraba consustanciales a él.

Definió a todo ser vivo como un agente que realiza acciones sobre su ambiente y nota los efectos útiles o perjudiciales de ellas para corregirlas en su propio provecho, esto es, como una unidad capaz de acción y experiencia.

Su definición de ser vivo implica que sólo hay seres vivos de tres niveles: la proteína, la célula y el animal.

Esta definición incipiente de F. Cordón de ser vivo de como una unidad dotada de acción y experiencia le llevó a aseverar que los únicos seres vivos que existen son la proteína, la célula y el animal, ya que ellos son los únicos agentes biológicos capaces de realizar una acción unitaria sobre su ambiente y de tomar noticia de su efecto para decidir la sucesiva; el resto de los fenómenos biológicos (...organelos, tejidos, órganos, sistemas de órganos, vegetales, ecosistemas...) son consecuencias de las acciones de seres vivos de estos tres niveles.

Además, para F. Cordón, la naturaleza de la acción de los seres vivos de estos tres niveles es cualitativamente distinta:

1969. LA EXPERIENCIA DEL SER VIVO COMO UN CAMPO FÍSICO, ABORDABLE CIENTÍFICAMENTE.

Durante una estancia en la Universidad de Puerto Rico dedicada a la docencia, F. Cordón publicó un artículo en el que expuso el resultado de su esfuerzo de quince años por interpretar el ser vivo. "La experiencia como carácter esencial de los seres vivos".

La experiencia como un campo físico (y la conciencia como un sector de éste), un avance fundamental en su interpretación del ser vivo.

Para el autor los seres vivos son entes susceptibles de experiencia, que han de estar adquiriéndola y aplicándola persistentemente para perdurar mediante la ejecución de acciones continuamente ajustadas a los cambios de su ambiente, acciones que realizan guiando la actividad de los seres vivos de nivel inferior que constituyen sus somas. Dando un paso más, identificó el ser vivo con su experiencia y ésta con un campo físico (de naturaleza cualitativamente distinta para los seres vivos de los tres niveles biológicos: electromagnética en el animal, de hidrogeniones en la célula y de fuerzas intermoleculares en la proteína).

F. Cordón consideró que el campo físico de la experiencia (en el que incluye el de la conciencia) es tan real como el cuerpo del ser vivo. La afirmación de que el campo de la experiencia es el carácter esencial del ser vivo es confirmada por el hecho de que su desaparición determina de inmediato la interrupción de la actividad asociativa de los seres vivos de su soma y con ello la transformación de éste en cadáver. Por primera vez se considera la experiencia (y conciencia) -no como objeto filosófico sino científico- como la característica de todo ser vivo, por lo que si se ignora su existencia es imposible tener noticia exacta de la naturaleza y conducta de cada ser vivo.

Para el autor cada tipo de ser vivo puede ser potencialmente explicado (por su origen ontogénico y filogénico) si los datos empíricos y experimentales acumulados sobre los seres vivos actuales se ordenan adecuadamente de modo que reflejen su aparición real en el proceso natural de la evolución biológica, aparición provocada por ventajas selectivas concretas inteligibles.

Su definición de ser vivo como un agente capaz de acción y experiencia le obligó a tratar de comprender el soma que realiza su acción, el ambiente en que se desarrolla su acción, y la experiencia (de la que forma parte el sector de la conciencia) capaz de dirigir tal acción.

En esta etapa de su vida había entrado de lleno en el estudio del problema biológico que centraría desde entonces su mayor esfuerzo: entender el surgimiento instante a instante de la experiencia de un ser vivo a partir de la actividad asociativa de los seres vivos inferiores que constituyen su soma, experiencia (y conciencia) que está en relación directa con su ambiente específico, en constante cambio.

Años después, al interpretar la célula, presentaría un modelo concreto sobre el surgimiento de la experiencia (y conciencia) celular, desde un soma de proteínas, y frente al ambiente que le caracteriza; su principal aportación teórica a la biología.

DE 1969 A 1999. MADUREZ TEÓRICA: UN TRATADO EVOLUCIONISTA DE BIOLOGÍA COMO LA HISTORIA NATURAL DE LA ACCIÓN Y LA EXPERIENCIA.

En 1970, a su regreso de Puerto Rico, creó el Instituto de Biología Aplicada (IBA). A partir de entonces F. Cordón, sin dejar su actividad de dirección de trabajo experimental (entonces en el campo de la industria de la alimentación), se propuso sistematizar su trabajo anterior e inició la redacción del Tratado evolucionista de biología. Historia natural de la acción y la experiencia de los seres vivos.

Una historia natural de la acción y experiencia para un estudio ordenado de los seres vivos de los tres niveles, las proteínas, las células y los animales.

Para F. Cordón este Tratado responde a la necesidad objetiva de la biología actual de ordenar sistemáticamente la enorme suma de datos empíricos y experimentales de modo que permitan interpretar de modo inteligible cada tipo de ser vivo actual (con todas sus particularidades anatómicas, fisiológicas, de conducta, etc.), y hacerlo a partir de los supuestos de que este ser vivo es un campo de naturaleza física concreta, que surge y desaparece instantáneamente desde un soma internamente coherente, que está en interacción explicable con un ambiente específico, y que se ha originado en una etapa determinada de la evolución biológica.

”Es un tratado que se refiere a los seres vivos sin proponerse clasificarlos y describirlos lo que constituiría un tratado empírico de biología, ni tampoco compendiar ordenadamente modos de responder los seres vivos de los diversos tipos a acciones humanas dirigidas a esclarecer particularidades estructurales o funcionales de variada índole lo que constituiría un tratado experimental de biología; un tratado evolucionista de biología se ocupa de un orden de problemas superior, o mejor, ulterior, a saber, intenta dar cuenta de los conocimientos empíricos y experimentales que el hombre ha reunido, principalmente en los dos siglos y medio últimos, acerca de los seres vivos, intentando comprender por qué son como son -ante todo su característica esencial de ser vivo- y las causas de sus analogías y diferencias, mediante la investigación de cómo se han podido originar y diferenciar en términos del marco particular que para cada uno haya ido estableciendo el cambio paulatino de la biosfera terrestre”.

F. Cordón dividió el Tratado en tres partes dedicadas, respectivamente, a los seres vivos de cada uno de los tres niveles: una Parte Primera, relativa al origen naturaleza y evolución de la proteína y sus asociaciones; una Parte Segunda relativa al origen naturaleza y evolución de la célula y sus asociaciones; y una Tercera Parte relativa al origen, naturaleza y evolución de los animales, incluido el hombre.

DE 1969 A 1978. TRATADO EVOLUCIONISTA DE BIOLOGÍA. PARTE PRIMERA. ORIGEN, NATURALEZA Y EVOLUCIÓN DE LAS PROTEÍNAS Y SUS ASOCIACIONES.

Parte Primera del Tratado, un estudio del proceso de origen y de la naturaleza de la proteína.

Durante esta década F. Cordón redactó la Parte Primera del Tratado, cuyo título en la primera edición fue La alimentación base de la biología evolucionista, dedicada al origen, naturaleza y evolución de las proteínas y sus asociaciones.

Esta Parte Primera se inicia con una extensa Introducción General (p. 3-131) que es una exposición del orden de conceptos biológicos desarrollados hasta entonces. Su interpretación de ser vivo como un agente capaz de acción y experiencia, cuya naturaleza sólo se puede entender por su origen en el proceso de la evolución, le obligó definir conceptos muy precisos sobre:

- La experiencia, como un campo de fuerzas de naturaleza física concreta, cualidad esencial del ser vivo.
- La acción, como un efecto que resulta de la actividad coordinada y conjunta de los seres vivos de su soma.
- El soma, como los conjuntos de seres vivos de nivel inferior que cooperan en establecer los campos físicos de la experiencia, de la acción y de los estímulos del ser vivo superior.
- El medio, como el ambiente influido por la acción del ser vivo en cada instante.
- El ambiente, como el ámbito de la biosfera objeto potencial de acción y experiencia de cada de ser vivo, y cuyo núcleo es su alimento.

Después de esta exposición introductoria, el autor desarrolló su propuesta sobre el proceso evolutivo que debió dar origen a la proteína y a la evolución de las proteínas y sus asociaciones.

Hoy no se poseen datos directos del proceso de origen de la proteína ni del proceso de la evolución de las proteínas libres, pero estos procesos se puede inducir desde el estudio de las proteínas actuales (todas ellas intracelulares o procedentes de células). En esta etapa de su vida F. Cordón estaba en condiciones de explicar con rigor, a partir de los datos experimentales comunes a todas las proteínas, los tres tipos de razones que señalan la naturaleza de la proteína:

F. Cordón se basó en su concepto de la naturaleza de la proteína y en los datos conocidos sobre la evolución de la composición molecular en la superficie terrestre para inducir una primera hipótesis del proceso de la evolución molecular en la zona externa de la corteza de la Tierra hasta el origen de la primera proteína, explicando las ventajas selectivas de cada una de las etapas que propone.

"La evolución hacia la proteína se entiende por la dinámica creciente de asociaciones moleculares (los polipéptidos). En un momento determinado dio una inflexión cualitativa. Esas asociaciones adquirieron un campo físico concreto de valencias secundarias, de afinidades químicas, capaz de orientar el entorno de moléculas sueltas y de adquirir unas y soltar otras cuando le convenía. Es la primera vez que se da el fenómeno de que un ser gobierne moléculas y las incorpore a su soma”.

Y el autor indujo el siguiente orden evolutivo de los grandes tipos de proteínas globulares y sus asociaciones hasta originar la célula: primero surgieron las proteínas heterótrofas que se alimentaron de moléculas complejas, L-α-aminoácidos, que incorporaban a su soma para reponerlo; cuando se agotaron éstos se originaron las proteínas autótrofas que aprendieron a alimentarse de metano atmosférico y amoniaco disueltos, y que acabaron constituyendo asociaciones; a continuación se diferenciaron las proteínas neoheterótrofas, que se adaptaron a vivir de restos de asociaciones de proteínas autótrofas; y, por fin, una asociación de proteínas neoheterótrofas culminante, que denominó asociación heterótrofa precelular, debió originar la primera célula. Tratado evolucionista de biología. Parte Primera (p. 139-602).

La interpretación razonada y detallada de la evolución de las proteínas hasta una asociación decisiva de ellas, especializada en alimentarse de restos degradados de asociaciones de proteínas autótrofas, permitió a F. Cordón plantearse el origen, desde las proteínas, de la primera célula (una sencilla membrana celular).

DE 1978 A 1990. TRATADO EVOLUCIONISTA DE BIOLOGÍA. PARTE SEGUNDA. ORIGEN, NATURALEZA Y EVOLUCIÓN DE LA CÉLULA Y SUS ASOCIACIONES.

En 1980 F. Cordón, a los setenta y un años, dejó de realizar trabajo experimental y creó la Fundación para la Investigación sobre Biología Evolucionista, un centro de investigación que tenía, y tiene, como única función la investigación biológica teórica. En la fundación constituida por él pasó sus últimos diecinueve años de actividad científica, con un grupo reducido de colaboradores.

Durante estos años de trabajo teórico el autor investigó y redactó los dos primeros volúmenes de la Parte Segunda de su Tratado dedicada al origen, a la naturaleza y a la evolución de las células y sus asociaciones. El Volumen I relativo al origen y naturaleza de la célula, y el extenso Volumen II relativo a la primera etapa de la evolución celular, la de la célula primitiva con un metabolismo común a toda célula (y en el que analiza los datos de la bioquímica).

El Volumen I, un modelo de cómo la experiencia de la célula surgió en la filogenia y cómo surge en cada instante de la ontogenia, desde una asociación de proteínas.

Durante cinco años, desde 1978 hasta 1983, F. Cordón realizó su trabajo de investigación sobre el origen y naturaleza de la célula que redactó en el Tratado evolucionista de biología. Parte Segunda. Volumen I (p. 1-425). Este libro ha de considerarse esencial en su obra porque en él logró su definición final de ser vivo y, con ello, su contribución a lo que durante mucho tiempo había considerado la condición indispensable para el desarrollo adecuado de la biología actual, un orden de conceptos sobre los hechos biológicos que los explique exclusivamente desde el proceso evolutivo de la realidad.

En este trabajo expuso detalladamente un modelo concreto del origen filogénico de la célula, y razonó las ventajas selectivas consecutivas por las que una asociación culminante de proteínas se pudo transformar en la célula originaria, célula que debió estar estructurada como una sencilla membrana celular, pero ya dotada de las propiedades comunes a las membranas de las células actuales.

A continuación, apoyado en su modelo del surgimiento de la primera célula, razonó un modelo de la naturaleza de la célula, esto es, propuso un modelo de cómo se puede establecer, instante a instante, la experiencia celular (un campo de hidrogeniones en la bicapa de fosfolípidos de determinadas proteínas de membrana) desde la actividad de las proteínas de su soma, e interpretó cómo puede surgir la experiencia de toda célula desde las proteínas asociadas de su soma -sin que las proteínas perciban la experiencia celular-, y cómo la experiencia de la célula puede gobernar la intensidad de la actividad de las proteínas de su soma -sin que la experiencia celular conozca la existencia de las proteínas somáticas-, con el resultado de que la célula puede tantear las acciones que, en cada momento de su vida y a lo largo de ella, aprovechen al máximo el ambiente celular en permanente variación. FIBE, Introducción al surgimiento de una unidad de integración en cada instante de la ontogenia.

“El problema de nuevo tipo (porque no conocíamos ningún precedente en la literatura científica y porque, en la Primera Parte, no había tenido datos, ni siquiera me lo había planteado al inquirir el origen y la naturaleza del individuo protoplásmico) fue inducir cómo al alcanzar su clímax evolutivo la actividad asociativa entre las proteínas globulares de la asociación heterótrofa precelular, surgió, de esta actividad, algo nuevo y netamente distinto de ella; en concreto, se trataba de entender -y de entender por su origen- cuál pueda ser la naturaleza física y el dinamismo interno de algo imponderable que, desde que surge de la actividad asociativa conjunta de las proteínas globulares de la asociación precelular, pasa a dirigir tal actividad conjunta, esto es, se constituye en un foco de acción y experiencia de nuevo nivel (el celular) capaz de coordinar la actividad de los focos múltiples del nivel inferior, que desde que el superior se establece, no pueden prescindir de obedecerlo, de tomarlo como guía.”

La demostración de la eficacia de su modelo de ser vivo para interpretar los datos de la bioquímica: el Volumen II analiza la primera etapa de la evolución celular, la célula con metabolismo.

F. Cordón indujo que el logro de la primera etapa de la evolución celular debió ser el despliegue del metabolismo común a todas las células actuales.

El autor se valió de su modelo de la célula originaria, una pequeña membrana celular, para el estudio de su evolución hacia una célula con un citoplasma incipiente, célula que denominó célula heterótrofa con metabolismo, que -por ventajas selectivas explicables- acabó por diferenciar todos los tipos de proteínas metabólicas que establecen el metabolismo común a todas las células actuales.

La eficacia del modelo de célula que F. Cordón había alcanzado previamente se demostró al permitirle reinterpretar los datos de la bioquímica sobre el metabolismo celular con más coherencia que la explicación vigente. Este análisis constituye el tema del extenso Volumen II de la Parte Segunda del Tratado (p. 681-1592).

He aquí algunos de los avances logrados en el estudio de la primera etapa evolutiva de la célula, la de la célula heterótrofa con metabolismo:

En primer lugar, su convicción de que la primera célula tuvo que alimentarse de restos de asociaciones de proteínas le llevó a postular que el primer sector metabólico que se debió desplegar hubo de ser el de los aminoácidos (constituyentes de las proteínas), y luego los sectores de las grasas y de los azúcares, que hubieron de basarse en el de los aminoácidos. La eficacia de su análisis del metabolismo celular confirmó este postulado. Chomin Cunchillos, Las principales etapas del metabolismo celular. Una aproximación al estudio del metabolismo.

En segundo lugar, realizó el análisis monográfico de cada una de las transformaciones metabólicas del metabolismo, y, para ello, siguió un esquema de representación. Este análisis le permitió concretar cómo cada proteína enzimática gobierna su reacción específica: reconoce uno a uno sus metabolitos, los desplaza hasta un lugar de su soma (el ”centro activo”), los coordina en una disposición conveniente y a distancias interatómicas, y provoca en ellos desplazamientos de electrones tales que, sistemáticamente, producen una reacción química determinada. Cada transformación metabólica depende de la que le precede y de la que le sigue en su ruta: todo metabolito, desde que es captado del agua externa hasta que es expulsado a ella, está siempre bajo el gobierno de una proteína. Este análisis le obligó a revisar la interpretación actual de la cinética de enzimas que reduce a éstos a simples moléculas con función de catalizador. Chomin Cunchillos, Interpretación de la función enzimática a partir de la teoría de unidades de nivel de integración.

En tercer lugar, interpretó la función que hubo de desempeñar, desde su inicio, el metabolismo celular. En esta célula que se alimentaba de aminoácidos, el metabolismo no pudo aplicarse a la reposición de sus proteínas sino, demoliendo los aminoácidos obtenidos, a establecer la acción celular como un gradiente de concentración molar capaz de actualizarse en un movimiento de agua que atrajese nuevo alimento, (función que se mantiene en los procariontes, y en la mitocondria y el cloroplasto de los eucariontes actuales).

En cuarto lugar, consiguió un modelo científico de cómo la experiencia de la célula con metabolismo puede establecerse. A partir de los datos experimentales de la regulación celular concibió una hipótesis de cómo, en cada instante, la actividad de las proteínas de su soma permite la toma de noticia del contraste entre el resultado real obtenido en la acción anterior y el esperado en la acción presente, y cómo, a su vez, la autocorrección de este contraste guía la intensidad de la actividad de sus proteínas somáticas para establecer la siguiente acción.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE SU OBRA.

Frente a la corriente de especialización que ha marcado la ciencia del siglo XX, F. Cordón elaboró una teoría que integra los datos que la biología experimental ha ido acumulando a lo largo de los últimos doscientos años. Puede decirse que, radicalmente fiel a Darwin, siguió desarrollando la teoría de la evolución hasta inducir un método que le permitió ahondar en la interpretación de la evolución de los seres vivos, y que le llevó a enfrentarse a un nuevo orden de problemas biológicos, entre los que destacan tres: cómo surgen, cuál es la naturaleza y cuál es la secuencia evolutiva de los seres vivos.

“En esta etapa de mi vida tengo la impresión de que, manteniéndome fiel a la corriente evolucionista anterior personificada en Darwin, nuestro esfuerzo de cuarenta años esta cooperando a una inflexión de la biología –necesariamente evolucionista- que pide la época, a saber, centrar la atención en definir los grandes tipos de ser vivo, por su proceso de origen filogénico y ontogénico".

F. Cordón alcanzó el objetivo que su trabajo de biólogo le había impuesto, el de ofrecer un modelo concreto de ser vivo explicado desde el proceso evolutivo de la realidad. Pero con su muerte quedó interrumpido su Tratado en la que consideró la segunda etapa de la evolución celular, la de la célula autótrofa. Su obra, pues, debe ser continuada con la investigación y redacción de la Parte Segunda del Tratado relativa a los tipos de células y asociaciones de células ulteriores, y la Parte Tercera del Tratado relativa al origen, naturaleza y evolución del animal (incluido el hombre).

Sus libros Cocinar hizo al hombre y La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico son esbozos de lo que hubiera sido el último capítulo de su Tratado, dedicado al hombre.

Su Fundación es depositaria de una enorme cantidad de notas inéditas, referidas especialmente a cuestiones sobre la proteína, la célula y el animal, acumuladas a lo largo de años y a las que su autor no tuvo tiempo de dar forma definitiva.

Como atestiguan sus conferencias, cursos y seminarios, a pesar de desarrollar su actividad alejado de la docencia, F. Cordón gozó de gran prestigio en vida y tuvo una importante actividad como conferenciante y formador de jóvenes investigadores. De especial interés por su carácter didáctico es su libro Historia de la bioquímica.

Su compromiso con la sociedad de su tiempo le llevó a reflexionar sobre la ciencia y la cultura, de lo que da cuenta algunos de sus artículos de divulgación, y libros como La actividad científica y su ambiente social, Pensamiento general y pensamiento científico y La función de la ciencia en la sociedad.

El rigor científico exige que, como en toda nueva teoría, el modelo de ser vivo de F. Cordón posea una capacidad interpretativa de lo conocido y previsora de lo por conocer superior a la de los modelos actuales. Hasta ahora la capacidad explicativa de su teoría del ser vivo ha cumplido esta exigencia al dar cuenta coherente del conjunto de los datos bioquímicos referentes a la proteína y a la célula. Pero el modelo de ser vivo por él inducido ha de mostrar la misma aptitud explicativa para los tipos de seres vivos cuya interpretación falta. Si esto fuese así, el modelo de ser vivo que ha propuesto F. Cordón permitirá al biólogo no sólo dar una coherencia superior a la gran cantidad de datos experimentales acumulados, sino responder a problemas que la biología actual todavía no se plantea, a saber: cuál es la naturaleza de cualquier tipo de ser vivo, entendida como un campo físico, que continuamente surge de su soma, y que está en permanente interacción con su ambiente, al que constantemente transforma.

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