Faustino Cordón: claves de su pensamiento

(Rafael Jerez Mir, Antrhopos, nº 1, 1981).

Un ensayo de aproximación a la obra y al pensamiento científico de Faustino Cordón puede constituirse a partir de un diseño temático sistemático, con un enfoque biográfico (e incluso bibliográfico) o apoyándose a un tiempo, de alguna manera, en ambos planteamientos. Este artículo sigue básicamente la segunda de estas tres perspectivas metodológicas posibles, intentando identificar las principales inflexiones de la evolución científica del autor (formación, madurez, plenitud); pero, aún así, se abre con una introducción general que pretende situar la autor y su obra en la panorámica del pensamiento contemporáneo con una mínima precisión previa.

I. La ciencia evolucionista como horizonte teórico.

La obra de Faustino Cordón hay que situarla en la dirección y en el cauce principal del pensamiento contemporáneo más innovador, un pensamiento que se distingue por la ambición de integrar los conocimientos parciales ganados por el hombre en los diversos ámbitos: el de lo inorgánico o experimental, explotado por las ciencias físicas; el de lo orgánico, reducido en la práctica al anterior por una biología dominante que no distingue rigurosamente los procesos animales y los celulares, ignora la vida proteínica y reduce la evolución celular a procesos físico-químicos ; y , por último, el de lo humano. Apoyándose en el estudio objetivo e independiente de su propio campo biológico y pugnando constantemente, como científico genuino, por observar todos los hechos pertinentes desde la máxima altura teórica alcanzada por el pensamiento previo, Cordón se esforzará en hacer de la biología una ciencia experimental autónoma (capaz de comprender, por ejemplo, la naturaleza de los seres vivos del único modo posible, es decir, por su proceso de origen) y en elevarla, paralelamente, a ciencia evolucionista y general.

Este proyecto científico, centrado en la evolución biológica, en el proceso que va desde el origen de los primeros seres vivos (a partir de lo inorgánico) hasta el hombre (a partir del animal) es, insistirá Cordón, clave para tender los puentes necesarios entre los dos campos básicos de la ciencia actual: las ciencias de lo inorgánico, hoy dominadas por la superespecialización positivista y la fragmentación teórica, y las ciencias del hombre, cuya riqueza empírica y teórica notoria tiene, sin embargo, su principal límite en nuestra débil comprensión de la evolución de los seres vivos y, sobre todo, del origen del ser vivo culminante, el hombre.

Los avances científico-experimentales más relevantes tienen lugar cuando, sobre la base de la actividad práctica y del pensamiento empírico previamente ganado, se identifican, aíslan y distinguen teórica y prácticamente las individualidades típicas de un determinado nivel de integración energético-material. De hecho, a principios del siglo XIX la ciencia experimental había ya definido con precisión los dos niveles superiores de la evolución inorgánica, el molecular y el atómico. "Lo verdaderamente notable de las ciencias experimentales es el hecho de que cada una de ellas, no sólo percibe regularidades (que se pueden describir y clasificar y así enriquecer la actividad humana, del mismo modo que las regularidades de la naturaleza ayudan a la acción y experiencia de los seres vivos), sino que estas regularidades comienzan a explicarse conforme a leyes y teorías de alcance creciente, no sólo por la composición de las unidades de cada nivel por conjuntos de unidades del nivel inmediato inferior (las moléculas por los átomos, por ejemplo), sino porque tal composición depende de interacciones reversibles con unidades del mismo nivel del entorno (moléculas sobre moléculas, átomos sobre átomos). Con ello se va imponiendo paulatinamente a la ciencia la noción de que comprender las unidades de un nivel (energía radiante, partículas subatómicas, átomos, moléculas..., células, animales), obliga tanto a analizar el interior de ellas, como a estudiar sus interacciones con el conjunto de unidades del nivel y, aún más, a correlacionar teóricamente los dos tipos de datos, en concreto, el dinamismo interno de las unidades de un nivel con el dinamismo conjunto del nivel que transforma unas unidades en otras". (Nota 1)

En el último siglo, los biólogos se han especializado (tras el descubrimiento de la célula como ser vivo en general por Virchow en 1859) en reunir conocimientos empíricos, aplicando técnicas complicadas y poniendo a punto instrumentos de observación que han permitido conocer profundamente la estructura, organización general y diversos organelos funcionalmente especializados de la célula. Sin embargo, estos especialistas han centrado básicamente su atención en el nivel molecular. Incluso los bioquímicos, que estudian no sólo el quimismo intracelular, sino cómo este quimismo se produce bajo la conducción de enzimas (el primer coenzima sería descubierto por Buchner en 1900), continúan buscando la clave de la vida en el nivel molecular, sin plantearse el problema del origen, naturaleza y evolución de los diferentes niveles del ser vivo (y de sus individualidades constitutivas) a partir de aquél.

Junto a las ciencias experimentales (las ciencias físico-químicas y una biología que reduce de hecho los procesos biológicos, surgidos de la evolución conjunta de lo inorgánico, a procesos físico químicos), las ciencias del hombre se distinguen, a su vez, por su riqueza empírica y por su fecundidad filosófica.

Lógicamente, como animal y humano, el hombre tiene una experiencia mucho más rica de los animales y de los hombres que de los diferentes procesos físico-químicos. Como animal, el individuo humano se identifica con un organismo supracelular capaz de persistir espacio-temporalmente en permanente tensión biológica y en un medio constituido por animales (incluidos los humanos) y vegetales. Pero se trata de un animal singular, con un medio específico definido por el lenguaje (por el pensamiento, es decir por la palabra interiorizada) y por el trabajo, la colaboración social de la que acabó resultando el mismo lenguaje.

Gracias al lenguaje y a la organización social, el hombre logró romper el circulo cerrado del equilibrio biológico, aprendiendo a inventar su propio alimento (autotrofismo singular que va desde la prehistoria de la ganadería y la agricultura neolíticas a la ganadería y agricultura industriales de nuestro tiempo); gracias al lenguaje y a la organización social, el hombre ha tenido su propia historia

Sintomáticamente, la evolución de las ciencias del hombre se ha distinguido, además de por su enorme riqueza empírica, por sus resultados teóricos integradores e históricos. Todo individuo humano tiene, desde el momento mismo de su nacimiento (e incluso en el vientre de su madre), una experiencia básicamente social, y por lo mismo unitaria e integradora. La educación del niño (y la permanente del adulto) supone la modelación de la conciencia de cada hombre en términos de la de los demás. El progreso y la realización toda del hombre es esencialmente social. Por otra parte, habiéndose liberado de la lucha animal por la vida, gracias precisamente al trabajo y al lenguaje, la vida humana se viene distinguiendo por una historicidad fácilmente perceptible, y especialmente en determinadas épocas o períodos evolutivos. De ahí que el hombre no se haya limitado a acumular datos y a enriquecer notoriamente su conocimiento empírico de las relaciones humanas. No sólo ha elevado relativamente a unidad teórica las principales relaciones interhumanas (económicas, sociales, políticas, ideológicas...), construyendo diferentes ciencias del hombre, sino que, principalmente con su ayuda, ha tendido espontáneamente a entender el individuo humano en términos de los demás y de su historia, en términos de la sociedad y de la evolución social

Es más, contando con esta experiencia genuina de la unidad, la coherencia y el carácter histórico de la realidad (de hecho de su realidad), los grandes filósofos (Aristóteles, Avicena, Averroes, Leibniz, Hegel...) se han esforzado en entender, no ya sólo las relaciones del individuo humano con los demás hombres y las de los hombres con el mundo, sino el universo entero, como esencialmente unitario, dinámico e histórico (esto último más recientemente).

Faltos de la percepción objetiva de la historicidad del universo en sus niveles más básicos (los de lo inorgánico, cuya estabilidad primordial es condición de la evolución conjunta de la biosfera y de la conservación de todos los seres vivos), e ignorando casi todo de los niveles biológicos inferiores (proteínico y celular), los grandes filósofos no han ido nunca más allá de un atisbo general de la evolución conjunta de la realidad, de su coherencia interna y de las leyes más universales de su movimiento. Apoyándose, sobre todo, en la experiencia de la unidad, el dinamismo y la historia del ser humano, han sacado de ella el fondo de verdad que cada uno ha entrevisto, pero no han podido ir más allá de una concepción general del mundo esencialmente abstracta, formal y teratológica (esto es, resultado de una extrapolación formal y abstracta del todo particular humano al todo universal).

Con todo, los grandes filósofos han puesto suficientemente de relieve la unidad, el dinamismo y el carácter histórico de la realidad, en tanto que las ciencias experimentales, encerradas en lo particular y sometidas hoy en gran medida a las exigencias ciegas de la producción, han permanecido generalmente de espaldas a la dimensión totalizadora e histórica de la realidad. De ahí la necesidad actual de la ciencia evolucionista, capaz de integrar rigurosamente los conocimientos ganados por las ciencias experimentales. De ahí también que la biología evolucionista aparezca como la clave actual de la ciencia, por la naturaleza intermedia de su propio objeto.

En efecto, "el campo de estudio de la biología, a saber, el proceso que va desde el origen de los primeros seres vivos a partir de lo inorgánico hasta el surgimiento del hombre como resultado culminante de la evolución conjunta de todos los seres vivos ocupa, obviamente, una posición clara, intermedia entre dos procesos, que son, respectivamente, el objeto de sus grandes campos de conocimiento: por una parte, la evolución humana, a cuyo estudio se aplica -de modo notorio en los grandes sistemas filosóficos- un pensamiento cada vez más integrador y evolucionista, pero cuyo esfuerzo por entender esencialmente (por su origen) al hombre tropieza con la barrera que le opone la débil comprensión de los seres vivos; y, por otra parte, los procesos de lo inorgánico, a cuyo estudio se ha aplicado la ciencia experimental (...), en cambio, dirige su atención casi exclusivamente a particularidades, sin esforzarse tras una concepción genuinamente integradora y evolucionista". (Nota 2).

Para explotar rigurosamente esta posición clave, "la biología ha de esforzarse en avanzar en la comprensión de los seres vivos desde los otros dos campos de conocimiento, de los cuales el uno (el de lo inorgánico) le ha de enseñar la base de partida de la evolución biológica, y el otro, el resultado final de esa evolución; pero, a la vez, es evidente que no puede progresar sino por el estudio objetivo, independiente, de su nuevo campo, que le ofrece un acervo de fenómenos peculiares y que le plantea su propio tipo de problemas; por lo demás, desentrañando así el proceso efectivo de la evolución de los seres vivos desde su origen al hombre, la biología contribuiría a llenar con conocimiento objetivo la discontinuidad entre nuestro conocimiento del hombre y el de lo inorgánico y a acercar el pensamiento a una interpretación de toda la realidad científicamente coherente". (Nota 3).

Ciertamente "plantearse en profundidad la evolución del hombre obliga a conocer antes su naturaleza en términos de su origen, lo que remite al estudio de la evolución biológica y, en particular, al de la naturaleza del animal por su origen y, finalmente, al de la evolución conjunta de los animales". (Nota 4).

Por otra parte, complementariamente, el estudio de la vida más elemental, "habrá de ayudar a comprender el proceso de la evolución inorgánica desde la perspectiva que mira hacia nosotros: hacia la evolución biológica que culmina en el hombre". (Nota 5)

II Hitos biográficos básicos.

1. Formación: de biólogo experimental a biólogo evolucionista.

La formación científica de Faustino Cordón (1909) se inicia en la universidad, continúa -tras verse interrumpida por la guerra civil- en los laboratorios Zeltia, de Porriño, con el profesor Calvet (1941-1945), y culmina en el Instituto de Biología y Sueroterapia (1945-1966), cuyo Departamento de Investigación dirige desde su creación, en 1958. En este periodo el dominio de la biología experimental contemporánea le permite ya enfrentarse con un nuevo tipo de problemática y esbozar la línea de pensamiento que habría de desarrollar en su madurez. No hay todavía un proyecto de organización de un cuerpo de doctrina biológico-general y los avances teóricos están ligados al estudio empresarial de problemas biológicos aplicados y concretos, pero la nueva problemática va forzando la reorganización de los datos biológicos disponibles y se traduce en un pensamiento biológico a la vez experimental y evolucionista.

Desde el punto de vista bibliográfico pueden destacarse cuatro trabajos básicos: Inmunidad y automultiplicación proteica (Madrid, 1956), Introducción al origen y evolución de la vida (Madrid, 1958), La evolución conjunta de los animales y su medio (Barcelona, 1966) y Origen y evolución de la secreción gástrica. Una contribución al estudio del animal por su origen (inédito).

Inmunidad y automultiplicación proteica recoge las principales conclusiones teóricas de las investigaciones de Faustino Cordón sobre inmunidad. Trabajando sobre sueros y vacunas, Cordón aborda a finales de los cuarenta un problema biológico aplicado (cómo privar a unas soluciones de proteínas de su capacidad de sensibilizar, de provocar un estado alérgico frente a ellas) que le conduce a una cuestión biológica de indudable interés teórico: ¿por qué mínimas cantidades de una proteína de una especie ajena a un animal, si se inyecta parenteralmente, cambia su modo de reaccionar ante una inyección de esa misma proteína?

Más concretamente, Cordón experimenta la alergia de los cobayos a la caseina, esforzándose en observar rigurosamente los hechos y buscando su clave -primero intuitivamente, después construyendo una hipótesis de trabajo a contrastar con todos los hechos pertinentes conocidos- al margen de la inmunología vigente, para sólo finalmente, comparar la capacidad explicativa de su propio pensamiento teórico con el modo o modos de interpretación de estos hechos por la inmunología oficial (lo que hace, por cierto, apoyándose en el tratado de inmunidad de Doerr, cuyos ocho tomos traducirá para la Revista de Occidente). Pero lo realmente significativo no es que el pensamiento de Cordón explique mejor que la inmunología vigente los hechos conocidos, y al mismo tiempo permita dar unidad a campos de la inmunidad hasta entonces inconexos y descubrir e interpretar nuevos hechos (lo que no es poco), sino que esta investigación biológico-experimental se traduce en un nuevo tipo de problemática, una problemática biológica general y evolucionista. Por ejemplo: existencia y naturaleza de una intensa vida subcelular, de un nivel subcelular de ser vivo (la vida proteínica), concepto general de nivel biológico de integración; relaciones de origen y mantenimiento entre seres vivos de distinto nivel y de los seres vivos con los inorgánicos, etc.

De modo similar, sobre esta base teórica y problemática, el enfrentamiento con el problema experimental de la fotosíntesis, tan alejado a escala evolutiva del primer origen de la vida, se traduce en una ampliación del campo problemático que interesa a Cordón y le lleva, concretamente, a enfrentarse con el surgimiento de la vida desde lo inorgánico, en un intento de comprender la naturaleza del primer nivel biológico por su origen. De hecho, este intento consciente de elevación de la problemática biológica a problemática evolucionista representa un primer esfuerzo para comprender la evolución biológica como proceso conjunto. En Introducción al origen y evolución de la vida se recogen los resultados teóricos de esa investigación: estratificación de la realidad en niveles de integración, leyes de los niveles biológicos (como la ley de la evolución de homeostasis de un nivel inferior bajo el superior -del proteínico bajo el celular, del celular bajo el animal-), modo de acción de los seres vivos del primer nivel de integración y similares.

Los problemas concretos, experimentales, de que se ocupa Cordón durante los últimos años cincuenta y durante los sesenta son principalmente problemas de biología animal. Apoyándose en estos problemas, en su propio pensamiento previo y en los principales cabos de verdad del pensamiento científico evolucionista (Darwin y Pavlov, singularmente), intenta abordar, de un modo o de otro, la cuestión del origen, naturaleza y evolución de los animales. Es así como va separándose de la biología animal dominante (una biología -hay que insistir en ello- que no distingue teóricamente entre el animal y la célula, y que reduce la vida animal a puro resultado de la actividad conjunta de una asociación de células).

Entre los trabajos de este período hay que destacar los que sirvieron de base al libro La evolución conjunta de los animales y su medio, a saber: "Generalización de los principios teóricos del darwinismo", "La evolución conjunta de los animales como medio para entender la actividad animal" y "Balance y perspectivas del darwinismo". Apoyándose en Darwin y en el propio pensamiento previo, esta obra recoge los resultados del esfuerzo de Cordón por entender algunos procesos y definir algunos conceptos que parecen exigidos por la teoría expuesta en el Origen de las especies: cómo está estructurado el medio animal (esto es, la realidad en torno a los individuos de una especie para que puedan vivir y vivir desarrollando sus pautas de conducta específicas) o en qué consiste el medio de una especie (lo que exige entender también cómo los individuos de una especie dada influyen coherentemente sobre dicha estructura de la realidad y contribuyen a mantenerla); cómo se produce la bifurcación de la especie ancestral en dos especies nuevas (proceso de especiación); qué es, en definitiva, una especie definida así, en términos de su entorno y de su proceso de origen, etc. Pero, además, el libro no sólo avanza notoriamente sobre este tipo de cuestiones de biología animal sino que ofrece atisbos de una problemática biológica general, mucho más amplia: relaciones entre los seres vivos de distinto nivel de complejidad (animal y célula, por ejemplo), posibilidad de abordar el conocimiento de los seres vivos de los distintos niveles por el proceso de origen, sobre la evolución conjunta de los del nivel inferior (y ello tanto en la ontogénesis como en la filogénesis), y otros de este tipo.

Este último es precisamente el planteamiento del trabajo inédito Origen y evolución de la secreción gástrica. Una contribución al estudio del animal por su origen. Partiendo del estudio experimental de la secreción gástrica, se intenta explicar aquí el origen del primer animal sobre la evolución de la actividad digestiva, partiendo precisamente del aparato teórico previamente acumulado. El encargo experimental de formular un preparado contra la gastritis, un antiácido, exigía conocer cómo se produce la secreción normal de clorhídrico en el estómago. Sin embargo, de hecho, al plantearse la solución de este problema sobre la base del pensamiento biológico general ya ganado, la concepción de que en la producción misma del ácido clorhídrico interviene el animal como un todo actuando sobre la glándula de configuración adecuada, llevó, primero, a plantearse el origen y evolución de una glándula y, tras esto, a comprender el origen y la naturaleza del organismo animal a partir del origen de su aparato digestivo. Escribía recientemente el propio Cordón: "Que lo que conocíamos de la glándula nos facilitara una solución para este problema, casi antes de planteárnoslo, nos causó la mayor sorpresa, aunque hoy me parezca inevitable. Basta pensar que el animal se define por alimentarse de masas de células que comienza por desintegrar en una cavidad digestiva. Parece estar en la lógica de las cosas que el animal proceda de una asociación de fagocitos adaptada a vivir de masas muertas de este tipo de alimento, que, en esta asociación, se especializasen células digestivas, y que las células digestivas sentaran la ventaja selectiva de crear el aparato digestivo, así como que la coordinación funcional de células manejándolo fuese lo que originara la acción y experiencia animal, el primer animal. Cada paso resulta comprensible y todo otro orden de aparición carece de sentido". (Nota 6).

2. Madurez: la alimentación, hilo rector.

Al poco de abandonar el Instituto IBYS, en 1968 y 1969, Cordón aprovecharía su estancia como profesor visitante en la Universidad de Puerto Rico para afinar notablemente su pensamiento teórico general, la problemática biológico-evolucionista y el proyecto de investigación sistemática de la historia natural de los seres vivos. Además, la fundación junto con Juan Huarte, del Instituto de Biología Aplicada con el fin de potenciar el estudio de la alimentación humana y la racionalización de las industrias alimenticias, por esa misma época, va a favorecer ese proceso de madurez teórica y a darle su principal hilo rector: La alimentación base de la biología evolucionista. (Nota 7).

Nos lo ha dicho él mismo no hace mucho: "Me parece que hacia mis 65 años se produce una última inflexión de mi trabajo que hoy percibo claramente. Hacia esos años, por una parte, me enuncio la idea de acción y experiencia como carácter esencial de los seres vivos que puede entenderse en términos de la evolución conjunta del universo, con lo que llego al fondo de lo que normalmente puedo teorizar; y, por otra parte, encuentro en la alimentación el hilo rector que, sobre la base anterior, me va a permitir organizar en un sistema los muñones teóricos que había ido esbozando en distintos campos biológicos en los años de mi madurez". (Nota 8).

A. Formulación de la problemática y proyecto de investigación:

Como ciencia general, la biología evolucionista se distingue por la integración de los conocimientos biológico-experimentales en un sistema unificado de conocimientos, capaz de explicar más profundamente la naturaleza viva y de dirigir más eficazmente la acción humana sobre ella. En concreto, la problemática biológico- general viene a centrarse en la historia del origen, naturaleza y evolución de los seres vivos, esclareciendo su conocimiento a partir de los términos de la historia conjunta -en etapas escalonadas- de la biosfera terrestre.

Dentro de cada nivel energético-material de los seres vivos (proteínico, celular y animal), la biología evolucionista aborda cuestiones tan importantes como la naturaleza del medio elemental -o cuánto de progreso- en los individuos del nivel, la dinámica (progresos cuantitativos) de las relaciones entre el individuo y el medio, el proceso de especiación (o diferenciación cualitativa de la estirpe -y su medio- en nuevas especies -y nuevos medios-), la aparición y persistencia de los tipos básicos de nivel, etc.

Por otra parte la comprensión científica de los nexos existentes entre dos niveles biológicos consecutivos plantea otro tipo de problemática. A saber: origen de los primeros individuos del nivel sobre la evolución conjunta de los seres vivos del nivel inferior; naturaleza física del campo unitario en que radica la individualidad de los organismos del nuevo nivel; naturaleza de la actividad somática, el medio y la experiencia propios de los individuos del nivel; relación entre los individuos del nivel y los individuos del nivel inferior que constituyen su soma, desde el que aquéllos surgen y evolucionan; etc.

Por último, una biología general ha de considerar a la evolución biológica como proceso conjunto, lo que incluye la consideración de asuntos como los siguientes: evolución en homeostasis y según variaciones que supongan ventajas selectivas de los seres vivos en general; variedad y creciente complejización de los tipos de alimento, los trofismos y, en última instancia, los seres vivos correspondientes; naturaleza dinámica de todo organismo y explicación científica de la unidad real del ser vivo (de su anima); interpretación científica (histórica) de la conciencia humana y, en general, de la aparición, mantenimiento y evolución de toda forma de conciencia (experiencia); relaciones entre evolución biológica y evolución geológica; fundamentación científica del monismo a partir de las relaciones entre la evolución biológica y el todo universal; relaciones entre la multiplicidad real de medios específicos y esclarecimiento, por tanto, de la dependencia de la evolución de una especie dada respecto de la evolución conjunta de los seres vivos; y similares.

B. Fundamento teórico e hilo rector:

Cordón, que perfila continuamente su propia versión del fundamento teórico preciso para el estudio científico de cualquier manifestación de lo viviente escribirá en los años setenta una amplia "Introducción general", para su obra básica, donde ofrece una visión general de su tratamiento de la problemática biológico-evolutiva, apoyándose en los sucesivos capítulos en los conceptos de evolución, organismo, experiencia, medio, soma, biosfera y alimentación, todas ellas nociones biológicas necesarias para estudiar evolutivamente los seres vivos.

Es la evolución biológica un proceso de naturaleza unitaria, conjunta y homeostática en el que se pueden distinguir tres etapas unitarias básicas que coinciden con los diversos niveles de ser vivo (proteína, célula y animal). Y comprender el ser vivo en términos de esa evolución biológica supone, entre otras cosas, entender cómo lo inorgánico impulsa lo vivo por mediación de lo vivo y cómo se conservan en el interior de los procesos somáticos de los seres vivos actuales los resultados históricos de aquella evolución biológica.

Por su parte, cada ser vivo (cada individuo) es un organismo rector de un soma que con su acción sobre el medio gana continuamente experiencia.

Concretamente, el organismo es el sustrato físico de la unidad de acción constitutiva de la individualidad característica de todo ser vivo. Se define por una determinada forma de energía (o campo físico general) y viene ser a modo de remanso potencial que continuamente se aniquila (resolviéndose en acción constante, o energía actual) y continuamente se origina y mantiene sobre la base de las oscilaciones de acción de los organismos de nivel inmediato inferior, de cuya coordinación precisamente surge (células, en el caso animal; proteínas, en el celular; moléculas, en el proteínico). Por una parte, la actividad del organismo superior es un proceso de continua aplicación de energía exterior a los seres vivos de nivel inmediato inferior, para su mantenimiento; por otra parte, él mismo resulta constantemente de la integración de una acción unitaria (y, por lo mismo, inédita y cualitativamente distinta) de las acciones múltiples de los organismos de dichos seres vivos que constituyen su soma.

Porque el soma, "vínculo indispensable entre el organismo y su medio", (Nota 9), no es sino "ese conjunto de estructuras y procesos conformado por el organismo y del que el organismo, a la vez, continuamente resurge: es la organización de la compleja realidad mediante la que se conectan y sostienen entre sí la unidad (el organismo) y el todo (la evolución biológica)". (Nota 10).

En tanto que el organismo sólo se conoce por sus efectos (y esto sólo desde la perspectiva teórica biológico-evolucionista), el soma es fácilmente perceptible por los sentidos humanos (al menos, el animal y, desde el siglo XIX, el celular). Mientras el primero desaparece con la interrupción de la vida, el segundo, como conglomerado de estructuras inconexas de distinto nivel, persiste relativamente como cadáver hasta ser demolido por los agentes físico-químicos (logrando, a veces, una larga persistencia y apareciendo entonces como resto paleológico).

Además, el soma es el instrumento de la acción y experiencia del organismo en sus relaciones con su medio, esto es, con "la realidad en torno al ser vivo conformadora de la experiencia y modelada por ésta"; (Nota 11) relaciones que se mantienen siempre dentro del marco impuesto por las capacidades propias de la acción y experiencia de los organismos que componen su soma y por la naturaleza del medio respectivo. La vinculación con el medio, propia de todo ser vivo, se establece siempre por mediación de los organismos de nivel inferior, y, si aquél dirige a éstos, es precisamente por la mayor rapidez e integración de su modo de acción y experiencia.

La acción constante se traduce en un aumento global de la experiencia a lo largo de la evolución biológica, correspondiendo a la experiencia del ser vivo la función de agente de la selección natural y a ésta la de mecanismo de la evolución. Una experiencia centrada, por lo demás, en la alimentación, siendo por ello fundamental el papel desempeñado por el alimento en la evolución conjunta del ser y su medio: los seres vivos concurren continuamente ante el alimento, siendo ellos mismos alimento e incitándose el salto biológico cualitativo a partir del momento en que los seres de un determinado nivel, logrando colmar la biosfera, hacen infinitamente más difícil la lucha por la vida, con la consiguiente intensificación de la presión selectiva.

En un principio la vida surge a partir del nivel molecular (nexo de unión, por lo mismo, entre la evolución geológica y la evolución biológica) y, concretamente, en la biosfera "capa superficial de la masa molecular de la Tierra en donde se dan las condiciones de interacción entre la hidrosfera, la atmósfera y el suelo para que se sostengan y reproduzcan los seres vivos (...). Con la evolución de la acción y experiencia de los seres vivos, la biosfera se ha ido ampliando (en el curso de la evolución biológica), desde el punto inicial del mar primitivo en que tales condiciones fueron tan favorables que produjeron el alimento de las proteínas en la suficiente concentración para que sobre él se originara la primera proteína, hasta ocupar un área entera de la superficie terrestre en una capa de espesor variable progresando hacia condiciones cada vez más desfavorables. La biosfera (el ambiente molecular), una vez sometida a colonización por los seres vivos, ha evolucionado en homeostasis bajo éstos". (Nota 12)

Como acumulación de alimento, todo ser vivo se entiende en términos de los otros seres vivos y, en última instancia, en términos de las fuentes de los organismos componentes de su soma en el ambiente, y toma de éste la energía necesaria para reponer continuamente los correspondientes remansos energéticos. Guiado por su experiencia, se aproxima e incorpora alimento, transformándolo en alimento de los seres vivos de nivel inferior y distribuyéndolo adecuadamente entre ellos, en tanto que, correlacionando los estímulos que vienen del alimento en las acciones somáticas favorables o desfavorables para el mantenimiento del propio organismo, gana constantemente experiencia.

En el proceso evolutivo, el trofismo precede siempre al ser vivo, de forma que la alimentación explica al ser vivo por su proceso de origen: ante la presión selectiva, los seres vivos de un determinado nivel, sin perder su naturaleza individual, acaban coordinando su acción de un modo inédito para desarrollar un nuevo trofismo; luego, una vez que ésta asociación adquiere suficiente fijeza, surge el organismo rector de la misma, distinto de los organismos que la formaron y capaz de reproducirse como tal. Y así, explicándose lo superior por lo inferior, lo nuevo por lo viejo, se alcanza la comprensión unitaria de los seres vivos.

En cada etapa biológica se distinguen dos fases sucesivas, heterótrofa y autótrofa. Los individuos heterótrofos aprovechan como alimento restos del nivel inmediato inferior, hasta que el perfeccionamiento de su acción y experiencia culmina con la dominación de la biosfera por una asociación de heterótrofos capaz de producir la escasez de su propio alimento. Esta escasez se traduce en una presión selectiva que acaba originando la aparición de autótrofos capaces de aprovechar una nueva reserva energético-material. Hasta que, posteriormente, el desorden ambiental generado por la extrema multiplicación de los últimos autótrofos produce una nueva situación límite que da origen al surgimiento de los heterótrofos de un nuevo nivel.

De este modo, la alimentación aparece como el hilo rector y la clave teórica principal de una biología evolucionista que permite la comprensión de todos los seres vivos en absoluta dependencia de su medio, en tanto todos tienen que tomar de éste la materia y la energía necesarias para existir, mantenerse y reproducirse.

2. Hacia la plenitud: construcción de la historia natural

Como es sabido, el progreso científico se produce cuando, dominando los hechos conocidos y el pensamiento científico que los explica, aparece una teoría más crítica y más comprensiva que permite observar la realidad desde una mayor altura teórica, y sorprenderse así ante lo inédito, explicar mejor todos los hechos, puntualizar algunos, descubrir otros nuevos e impulsar en definitiva el cambio progresivo del pensamiento humano.

Pues bien, sobre la base de su pensamiento teórico de los años sesenta, Faustino Cordón emprenderá en 1971 la reconstrucción teórica sistemática de la historia natural de la acción y experiencia de los seres vivos, de la evolución biológica.

Fruto de este esfuerzo será el primer volumen de su obra básica, La alimentación, base de la biología evolucionista (Historia natural de la acción y la experiencia): Origen, naturaleza y evolución de la proteína, aparecido en castellano en 1978, en inglés en 1982 y en curso de publicación en lengua rusa. Próximo a aparecer el segundo volumen (Origen, naturaleza y evolución de la célula), el cual, por su propio objeto tendrá sin duda un impacto mucho mayor sobre el pensamiento biológico actual; Cordón nos ha ofrecido ya, no obstante, un esbozo riguroso de esa auténtica historia natural en construcción en sus conversaciones con un joven periodista, Antonio Núñez. (Nota 13).

Lógicamente, esta biología evolucionista "en construcción" ha de venir a salvar la ruptura actual (temática y metodológica) entre las ciencias físico- químicas (incluyendo en ellas la biología hoy dominante) y las ciencias del hombre. Por lo demás, Faustino Cordón ha ido compatibilizando estos últimos años su trabajo central (la construcción de la historia natural) con la publicación de libros y la pronunciación de conferencias en los que se perciben ya con claridad los efectos hondamente esclarecedores que dicha historia natural habrá de tener sobre nuestro conocimiento del hombre.

A. El caso del hombre: orígenes y naturaleza:

Comenzando por las publicaciones más recientes hay que citar los libros La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico y Cocinar hizo al hombre (Barcelona, 1980).

Ya se sabe cómo el problema de la naturaleza humana continúa siendo un problema filosófico fundamental pese al enorme desarrollo contemporáneo de las ciencias del hombre. En éstas, la cuestión general de las relaciones entre naturaleza y sociedad suele plantearse singularmente por el problema particular de lo biológico y lo social en el ser humano. Y de todos es conocido cómo, en los últimos tiempos, en la ciencia occidental como en la soviética, vienen rechazándose los enfoques dualistas como reduccionistas (el biologismo como el sociologismo) e insistiéndose en la necesidad de un enfoque monista y de la colaboración interdisciplinar. Así viene hablándose, por ejemplo de la psique y de lo psíquico humanos como forma de enlace y como mediadores entre lo biológico y lo social; de la necesidad de un enfoque integral de la antropogénesis y de la ontogénesis humana; del necesario estudio interdisciplinar y en un sistema, en fin, de determinados problemas psicológicos y biosociológicos. De hecho se tiende a orientar así el estudio de todos los problemas concretos relevantes: factores determinantes del origen del hombre; naturaleza de los diferentes fenómenos psíquicos; diferenciación de lo innato y lo adquirido en el individuo humano; caracteres diferenciales del ser humano (fisiológicos y psíquicos); fundamentos de la creatividad individual y de las diferencias interindividualidades; desarrollo psíquico del individuo; etc. En pocas palabras, se ha impuesto la evidencia de que el ser humano no puede entenderse sino desde un punto de vista integral y monista.

Sin embargo, estos planteamientos no pasan todavía de un formalismo interdisciplinar o de un monismo estático, ahistórico y dogmático. No se acaba de consolidar socialmente la tesis de que el modo más idóneo (el único, propiamente) de entender al ser humano y de reorganizar adecuadamente la enorme riqueza empírica y teórica que encierran las ciencias del hombre es el propio de la ciencia evolucionista (y en concreto, de la biología evolucionista).

En efecto, por una parte no hay más modo de entender la naturaleza de un ser que por su origen, y, por otra, no hay forma de explicar rigurosamente el origen del hombre, sino esforzándose en reorganizar e interpretar todos los datos pertinentes conocidos desde la máxima altura teórica, correspondiente al nivel de desarrollo alcanzado por el conocimiento evolucionista previamente ganado sobre todos los seres vivos y su evolución conjunta; a fin de cuentas, el hombre no es sino el ser vivo culminante. Mientras tenemos una experiencia muy rica sobre las relaciones interhumanas (tendemos a entender al individuo humano desde sus relaciones con otros hombres y desde la historia de esas relaciones), apenas sí tenemos algo más que vivencias subjetivas y nociones puramente empíricas y puramente especulativas de la naturaleza del ser humano. De ahí la debilidad radical de las diferentes antropologías al uso.

Pues bien, los libros a que nos referimos, aparte de ponernos en guardia frente a tales carencias de las ciencias del hombre y apuntar las claves para superarlas, ofrecen un primer esbozo (más amplio y preciso ya que en el de Conversaciones con Faustino Cordón del tratado científico-evolucionista de la naturaleza del ser humano. Aplicando el pensamiento general y el hilo rector (la alimentación, base de la biología evolucionista) constantemente afinados por el estudio previo de la historia natural de los diferentes niveles de ser vivo (proteína, célula y animal), Cordón plantea en ellos el problema del origen del hombre como el de un caso más -ciertamente singular- de especiación biológica.

Tras plantearse el proceso de toda especiación (el modo como una especie se diferencia en dos) y precisar las sendas particulares que distinguen del caso general de toda especiación el caso concreto del surgimiento del hombre a partir del homínido, se aplican estos y otros principios biológicos generales a la reinterpretación del origen del hombre (reorganizando para ello todos los datos pertinentes aportados por los diferentes especialistas en taxonomía, paleontología y demás) a lo largo de tres momentos o episodios históricos básicos: 1) abandono de la fronda por el mono arborícola antepasado del hombre y consiguiente especiación originaría de este mono; 2) hominización o proceso de sucesivas especiaciones dicotómicas, todavía animales, a que dio origen la adaptación de dicho mono al suelo; y 3) transformación final de un determinado homínido, muy especializado, en hombre.

En esta última inflexión evolutiva, que fue posible sobre la base firme del enorme afinamiento y complejización evolutivas previas de la especialización animal, el proceso decisivo parece ser el origen del lenguaje sobre la base de las ventajas selectivas previas de la cooperación social para el uso de útiles, y, en concreto, para el ensayo exitoso de la transformación artificial de determinados alimentos de otras especies, en principio indigeribles para el hombre. Al convertirse en autótrofo, como inventor de su propio alimento, el hombre se libera de la lucha biológica por la vida y de su equilibrio cerrado, incitándose la ampliación ilimitada de su propio medio (de tener un medio definido fundamentalmente, como todo medio animal, por las relaciones con otros animales, el hombre pasa a constituir su propio medio haciendo objeto de su acción y experiencia no sólo los diferentes niveles de los seres vivos -salvo el proteínico ya desaparecido-, sino también los distintos niveles inorgánicos -comenzando por la cocina, y continuando con la alfarería y la metalurgia hasta concluir con la moderna ciencia experimental-).

Con todo lo más interesante de este esbozo parcial de una antropología evolucionista es el método biológico-evolucionista que permite entender la palabra (y el pensamiento, como palabra interiorizada) a partir de sus orígenes animales. El hombre, surgido del trabajo homínido es un animal. Y la palabra un componente del estímulo animal humano, si bien, por su tempo más rápido y por su mayor eficacia evolutiva, es el componente rector de dicho estímulo. La misma palabra interiorizada (el pensamiento) se percibe cinestésicamente, aunque tenga la ventaja de que en ella la actividad muscular se reduzca al mínimo (como se ha comprobado experimentalmente), permitiendo anticipar la acción más conveniente con un esfuerzo animal muy pequeño. Por otra parte, por ese origen y por esa naturaleza animal, el pensamiento recibe su último sentido del todo coherente en evolución que condujo al hombre. Y es precisamente esa coherencia del lenguaje con la evolución conjunta y su propio carácter culminante lo que, a fin de cuentas, explica que, una vez surgido, el lenguaje haya pasado a conducir la acción y experiencia propia del hombre, en la filogénesis (la historia de la cultura) y en la ontogénesis (la historia de cada hombre).

B. El caso del hombre: evolución histórica:

Por último, además de una obra relativamente temprana, La actividad científica y su ambiente social (Madrid, 1962), (Nota 14) hay otras dos más recientes en las que Cordón se esfuerza por elevar el nivel de nuestra comprensión del hombre en general y del origen, naturaleza y evolución del pensamiento científico, en particular. A saber: Pensamiento general y pensamiento científico (Madrid, 1976) y La función de la ciencia en la sociedad (Madrid, 1976).

En principio, puesto que Pensamiento general y pensamiento científico resulta de reunir siete trabajos distintos, escritos hacia 1967-68, habría que esperar en este libro una carencia de sistematización que, sin embargo, se salva sorprendentemente a causa precisamente de la unidad y la coherencia del pensamiento del autor y de su desarrollo.

Y, así, en un primer artículo ("Los seres vivos definidos por su acción y experiencia"), densamente biológico, el autor, una vez definidos los seres vivos por su modo de acción y experiencia, expone, interrelacionándolos de modo dialéctico, los conceptos básicos de su concepción biológico-evolucionista o general a la altura de los últimos años sesenta. Luego, sobre esa base, tras aclarar y demostrar cómo los distintos seres sólo pueden comprenderse científicamente según su proceso de origen, Cordón razona, rigurosamente, la necesidad de una interpretación unitaria, dinámica e histórica (evolucionista) de los seres vivos que, relacionando sus diversos niveles, nos ponga en el camino de una comprensión científica del mundo como totalidad, y desvela el insuperable valor explicativo y práctico de esa ciencia evolucionista y general.

En el segundo trabajo "El pensamiento como carácter definidor de la naturaleza humana", se define la naturaleza humana por el pensamiento y/o lenguaje (en tanto este último, como vehiculo de la comunicabilidad de la experiencia humana, crea el medio del hombre), y se explica el origen del hombre (o, lo que viene a ser lo mismo, del pensamiento y del lenguaje) a partir del modo de acción y experiencia (el trabajo y la cooperación) de los homínidos ancestrales en busca de alimento.

Finalmente, tras definir la libertad humana como la conquista del pensamiento verdadero (e integrador y abierto, general, rector de la actividad productiva, descubridor de la naturaleza de la conciencia y de la sociedad, etc.), los cinco artículos restantes se centran en la consideración de alguno de los aspectos básicos del nivel más alto en el juego dialéctico de actividad y pensamiento que define al ser humano: la ciencia. (Nota 15).

Tal es, precisamente el tema central de La función de la ciencia en la sociedad , donde, además, se trata de formas más completa y expresamente sistemática e histórica. En esta obra, y antes que nada, coherente siempre con el método que caracteriza su pensamiento, Cordón comienza por definir y esclarecer las nociones (básicas en su biología evolucionista o general) de acción y experiencia. Explica, luego, cómo todos los seres vivos genuinos se definen por un modo peculiar de acción y experiencia que es, en cada caso, el adecuado para que cada tipo de seres consiga el alimento que necesita. Y concibe la evolución biológica como la historia del perfeccionamiento y diversificación, constantes e incesantes, de esa acción y experiencia, más la historia, paralela, de la complejización y diversificación complementaria de los medios (esto es, de la realidad en torno a los seres vivos, y que éstos conforman progresivamente por su acción y experiencia, de modo que permita nuevos avances de esa misma acción y experiencia).

Como culminación de la evolución biológica y a partir de un último perfeccionamiento (pero de tal naturaleza que implica un cambio cualitativo) de la acción y experiencia animal en una especie animal culminante, se produce la génesis del hombre. Además, a partir de su mismo origen, la naturaleza humana, surgida de la intensa y disciplinada cooperación de los homínidos en busca de alimento, bajo una presión selectiva especial y un proceso relativamente rápido, deja de evolucionar conjuntamente con los demás animales en el medio animal: cesa la evolución biológica y comienza la evolución social; mientras se detiene la evolución de sus capacidades congénitas (genéticamente no hay diferencias apreciables entre un hombre primitivo y un hombre actual), la esencial comunicabilidad del pensamiento que, en forma de lenguaje, define la naturaleza y el medio humanos, permite al hombre influir en los demás seres vivos y sobre la naturaleza en general. La historia del hombre aparece así como la historia del perfeccionamiento continuo del pensamiento, y de la acción y experiencia (el trabajo y la cooperación) que lo hacen posible. A partir de aquí, el pensamiento de Cordón se introduce en el dominio de las ciencias sociales e históricas, sin abandonar en ningún momento su principio metódico básico: el pensamiento científico se explica a partir del pensamiento empírico y general, de la misma manera que el pensamiento en general (el hombre) se explica a partir de la acción y experiencia animal, o como la acción y experiencia animal se entiende a partir de la acción y experiencia celular, y ésta a partir de la de la proteínica.

De hecho, la trama del libro La función de la ciencia en la sociedad, en su conjunto, constituye, en nuestra opinión, el bosquejo general, pero límpidamente preciso, de las grandes fases de la evolución social y de la historia del pensamiento, con la ventaja de que, en este caso, la historia de la humanidad que se nos ofrece lo es en el contexto excepcional de un esclarecimiento profundamente científico (monista, dinámico, histórico) de la evolución conjunta de los seres vivos (incluido el ser vivo culminante, el hombre).

Con tales fundamentos y aplicando sistemáticamente los conocimientos ganados en la comprensión de los seres vivos, una vez aclarado el origen del pensamiento (del hombre, por tanto), Faustino Cordón va desvelando (siguiendo, lógicamente, un orden expositivo inverso al explicativo) la crisis actual de la ciencia experimental (una crisis de crecimiento, sí, pero también una crisis cuyas más gruesas y profundas raíces se hunden en el egoísmo animal del hombre y en las peculiares relaciones sociales del capitalismo de nuestro tiempo) a partir del revolucionario desarrollo inicial de la ciencia experimental en los siglos XVIII y XIX, y de la industrialización y revolución social paralelas; aquel desarrollo, a partir de la génesis, igualmente revolucionaria, del pensamiento científico-experimental, en las condiciones sociales de Europa occidental en los siglos XV y XVII; y en fin, la transición desde el pensamiento empírico al pensamiento científico-experimental, en función de la larga fase precientífica del conocimiento empírico y, más inmediatamente, de la singular evolución de este conocimiento y de las condiciones sociales generales en la sociedad europeo-occidental entre los siglos XI y XV. Por último, el autor insiste en las limitaciones y servidumbres actuales del pensamiento científico, como, por lo demás, los desajustes sociales del mundo contemporáneo, únicamente se irán corrigiendo en la medida que la humanidad, superando esas contradicciones, evolucione hacia la ciencia evolucionista (unitaria, dinámica, histórica) y hacia una única sociedad socialista en permanente construcción. Y tal es precisamente el proyecto y el contexto histórico-sociales en que encuentra su última significación la propia individualidad del científico español y su evolución biográfica y bibliográfica.

Para mas informacion ver el articulo" La sociedad, la ciencia y la educación a la luz de la biológia evolucionista de Faustino Cordón (1909-1999)" , del mismo autor, en la Asociacion de Hispanismo Filosofico, http://www.ahf-filosofia.es.



NOTAS

(Nota 1) "El desplazamiento del dualismo con el avance del conocimiento científico", nota al capítulo IV del volumen 2º de La alimentación base de la biología evolucionista, en curso de publicación, e incluida como apéndice a la segunda edición del libro La función de la ciencia en la sociedad (Barcelona Anthropos, 1982 pp. 165-177) pp. 170-171.

(Nota 2) "Reflexiones desde el pensamiento evolucionista sobre el estado de la ciencia actual", publicado en El País, 3 y 4 de abril de 1981; este artículo se incluye también en la última edición de La función de la ciencia en la sociedad (pp. 153-164), véase pp. 154-155.

(Nota 3) Op. cit., p.163.

(Nota 4) Op. cit., p.156.

(Nota 5) Ibíd.

(Nota 6) "Faustino Cordón", entrevista de Carlos Gurméndez, Leviathán, 2ª época, n.º6, otoño de 1981 (pp. 107-117), p.115.

(Nota 7) Tal será precisamente el título general de la obra clásica de Faustino Cordón sobre la historia natural de los seres vivos, proyectada en cuatro volúmenes, correspondientes a la proteína, la célula, el animal, y el hombre.

(Nota 8) "Reflexiones autobiográficas sobre la ciencia", Triunfo, 6.ª época, n.º 5, marzo de 1981 (pp.49-56), p.51.

(Nota 9) La alimentación, base de la biología evolucionista. (Historia natural de la acción y experiencia), volumen 1º: Origen, naturaleza y evolución de la proteína, Madrid, Alfaguara, 1982, p.8.

(Nota 10) Op, cit., p. 32.

(Nota 11) Op. cit., p. 8. Cordón distinguirá entre sí las nociones de medio y de ambiente, entendiendo por esta última "la realidad en torno a un ser vivo estructurada en los niveles establecidos por la evolución cósmica (inorgánicos) e incluso biológica (en los seres vivos que viven en homeostasis evolutiva bajo los de nivel superior), no sometida a la acción y experiencia de tal ser vivo. Es todo el antecedente o fundamento evolutivo del ser vivo en cuestión" (p. 641 del mismo volumen).

(Nota 12) Op. cit., pp. 642-643.

(Nota 13) Conversaciones con Faustino Cordón sobre biología evolucionista, Barcelona, Península, 1979. De esta obra dirá Cordón que "ha supuesto para mí un esbozo sistemático y completo de toda la labor a realizar y, para sus lectores, una introducción a la obra extensa que resume con un rigor de exposición suficiente y uniforme" (p. XXXIX del prefacio de dicha obra básica).

(Nota 14) Los títulos de los artículos reunidos en este librito (Madrid, Taurus, 1962) son de por sí muy ilustrativos del interés sistemático de Cordón por esclarecer la naturaleza del pensamiento. A saber: "La actividad científica y su ambiente social", "El menosprecio al pensamiento en la biología contemporánea", "Las tres etapas del desarrollo del conocimiento biológico: empírica, experimental y evolucionista" y "Fundamento, valor y riesgo de la ciencia experimental".

(Nota 15) Los títulos de estos artículos, bien expresivos de por sí, son los siguientes: "Marie Curie", "La estrategia para la ordenación de la biosfera al servicio del hombre", "El científico y los derechos humanos", "La conquista de la Universidad por el pensamiento verdadero" y "La crisis mundial de la Universidad y la investigación científica". Prácticamente todos están dominados por un único tema: la crisis actual de la Universidad y la ciencia. Cordón, que aborda este problema con su coherencia científica habitual, insiste en que sólo una humanidad que impulse la construcción de la ciencia evolucionista y una práctica dominada por ella podrá superar positivamente una crisis tan grave.