Glosario

En este glosario se incluyen las definiciones de los términos que cumplen la condición de ser empleados por F. Cordón con un significado concreto que difiere del habitual. El lector que lo consulte advertirá que, con frecuencia, la definición de un término conduce a la de otro. El objetivo del glosario es apoyar una interpretación exacta de los textos del autor.

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Herencia biológica. Es el conjunto de cualidades congénitas de un ser vivo que influyen sobre su capacidad individual de acción y experiencia y que a la vez están fuera del alcance de esta acción y experiencia, por ser obra y corresponder a uno de los niveles de seres vivos subyacentes en el soma de aquél.

La herencia biológica es, pues, una consecuencia (y constituye una prueba) de la existencia de los tres niveles de ser vivo, caracterizados por sendos modos cualitativamente distintos de acción y experiencia (y, correspondientemente, de alimento y de medio); los seres vivos de cada nivel poseen peculiar herencia biológica que hay que distinguir de la de los otros niveles.

La herencia biológica así entendida (junto con hechos como la contigüidad de sucesión de las células germinales de los animales parentales a los filiales descubierta por Weismann) explica el hecho fundamental de que los hijos no hereden las cualidades adquiridas por los padres en el curso de su vida (no heredabilidad de los caracteres adquiridos). Por ello contrasta la rápida evolución de la acción y experiencia durante la ontogénesis con su lentísimo progreso de generación en generación durante la filogénesis. Pero el hecho no significa que la acción y experiencia de un ser vivo y, por ende, los caracteres, adquiridos no influyan sobre el curso de la evolución.

Bien al contrario, la evolución de las estirpes (el progreso paulatino de cada una que culmina, de tarde en tarde, en la diferenciación de ella en dos) se produce, según la expresión clásica de Darwin, por selección natural de sus individuos más aptos; y éstos más aptos son precisamente los capaces de adquirir con el mayor grado de perfeccionamiento dentro de su generación las aptitudes y los consiguientes caracteres adquiridos que, por su valor selectivo en el medio peculiar de la estirpe, son los que la acción y experiencia de los seres vivos en cuestión se ven obligados a tender al máximo en el curso de la vida individual.

El hecho señalado de que la evolución de la acción y experiencia y las correspondientes modificaciones de la estructura somática durante la ontogénesis: a) no influyan sobre los caracteres congénitos de los hijos (no sea hereditaria, y b) influyan, en cambio, decisivamente sobre la marcha de la evolución filogénica (el medio selecciona los más aptos) se debe a la estructuración en niveles propia de los seres vivos (estructuración que, a su vez, remite obviamente a la estructuración general de toda la realidad en individuos de los sucesivos niveles de integración inorgánicos). El hecho exige distinguir claramente, en todo ser vivo, los modos de herencia a cada uno de los niveles biológicos integrados en él (las herencias protoplásmica y celular en la célula; las herencias protoplásmica, celular y animal en el animal).

Hay que señalar, en fin, que a lo largo del desarrollo ontogénico de un ser vivo (que implica la multiplicación de los seres vivos de nivel inmediato inferior que van constituyendo su soma de tamaño creciente) no sólo opera obviamente la herencia del nivel inferior, sino, además, se modelan por selección natural las sucesivas generaciones de estos individuos somáticos; de este modo, en la plasmación de los caracteres adquiridos (resultado de este modelamiento) intervienen la mera herencia al nivel inferior y el modelamiento de las capacidades congénitas de los individuos de las sucesivas generaciones de ellos por los medios sucesivos que su propia multiplicación y diversificación va estableciendo a lo largo del desarrollo ontogénico del individuo de nivel superior considerado (ni que decir tiene, que el elemento central de estos medios es el alimento propio de tal nivel inferior objeto último de la acción y experiencia de sus individuos , cuya fuente es el alimento del ser vivo superior captado y transformado por la acción y experiencia de éste).

Heterotrofismo y autotrofismo. Los seres vivos de cada uno de los tres niveles se caracterizan por un tipo especial de alimento, cuyo aprovechamiento exige un modo asimismo característico de acción y experiencia (y, por tanto, de medio) A su vez dentro de cada nivel de seres vivos (protoplásmico, celular y animal) hay que distinguir dos grandes modos de conseguir el alimento, dos trofismos, cualitativamente distintos: heterotrofismo y autotrofismo. Antes de pasar a considerar qué distingue a los heterótrofos de los autótrofos de cada nivel interesa precisar lo que tienen en común: lo que caracteriza a la alimentación de cada nivel.

Los heterótrofos y los autótrofos de un mismo nivel (sea el. protoplásmico, sea el celular, sea el animal) tienen en común: (1) que captan las sendas fuentes ambientales de energía a las que unos y otros estén adaptados para transformarlas en la fuente ambiental trófica con la que los seres vivos de nivel inmediato inferior que constituyen su soma pueden obtener su alimento (dicho abreviadamente, heterótrofos y autótrofos de un mismo nivel se alimentan para alimentar los seres vivos de nivel inmediato inferior que los integran); (2) que distribuyen la fuente ambiental trófica del nivel interior entre todos los seres vivos de este nivel que constituyen su soma v cuya plenitud funcional les es indispensable ya que de la actividad coordinada de ellos resulta instante a instante la actividad somática y el organismo del superior, y (3) que las tres operaciones tróficas de todo ser vivo de un nivel (producir y captar el propio alimento, transformarlo en fuente trófica ambiental de los seres vivos de nivel inferior que constituyen su soma, y distribuirla entre éstos) son manifestaciones del modo de acción y experiencia propio del nivel, ya que las tres operaciones escapan siempre por la naturaleza del alimento (y a veces en contra de lo que pudiese parecer a primera vista) a la capacidad del modo de acción y experiencia propio del nivel inmediato inferior. (Si bien, excusado es decirlo, el modo de acción y experiencia de los seres vivos de un nivel resulta de coordinación de acciones y experiencias de los seres vivos somáticos del nivel inferior, a los que. por ello, ineludiblemente han de mantener.)

Sentada así la analogía esencial que existe entre los diversos modos de alimentarse de los seres vivos de un mismo nivel (a saber, aplicar siempre un mismo modo de acción y experiencia el característico del nivel, y alimentarse para alimentar los seres vivos de nivel inmediato inferior) podemos pasar a considerar la diferenciación principal que en el curso de la evolución de un nivel, se produce en los trofismos de los seres vivos del nivel, diferenciación tan importante que constituye un hito que divide la etapa en dos subetapas, la primera en que sólo viven heterótrofos y la segunda en la que, además, aparecen autótrofos del nivel. Consideremos sucesivamente (en el orden evolutivo de aparición) los dos grandes modos principales del trofismo de cada uno de los tres niveles.

En orden de aparición consideremos primero el heterotrofismo. Los heterótrofos, cuya evolución caracteriza la primera parte de la etapa biológica de cada nivel, surgen de asociaciones de seres vivos del nivel inmediato inferior que, forzados por la concurrencia ante el alimento propio de tal nivel, se habían adaptado a procurar su alimento a partir de una reserva ambiental de materia y energía que, hasta entonces, no había sido explotada por ningún tipo de ser vivo, por dos razones principales, una, porque se había ido acumulando en el período precedente de la evolución biológica y, la otra, porque su aprovechamiento excede de la capacidad de acción de los individuos aislados del nivel inferior y requiere, pues, una cooperación especial suficientemente íntima entre estos individuos constituyentes de asociaciones: tal nueva fuente ambiental de alimento está constituida por la acumulación de restos de individuos autótrofos del nivel inferior libres o asociados, cuya biomasa constituía entonces la porción principal de los seres vivos.

Se comprende que dicha adaptación por la asociación de los seres vivos de un nivel a vivir, heterótrofamente (esto es, sobre sus antecedentes evolutivos) sobre restos de autótrofos del propio nivel: a) se inicia cuando ha llegado al máximo la expansión posible de los autótrofos (libres y asociados del nivel, y b) supone una alimentación en un tiempo más que la propia de los precedentes seres vivos del nivel: ya que (por actividad asociativa, cooperante) ha de captar la nueva fuente de alimento, degradarla hasta hacerla aprovechable por los individuos constituyentes de la asociación y, en fin, distribuirla entre ellos. El perfeccionamiento de esta actividad cooperante entre los individuos de la asociación adaptada al nuevo alimento (que, además, en la historia evolutiva de los tres niveles ofrece una suave rampa de tamaño ascendente de restos de más a menos espontáneamente degradados) prima, por selección natural, el perfeccionamiento de la actividad asociativa trófica señalada y el de las estructuras somáticas que las cumplan mejor, y esta línea de progreso culmina finalmente en la transformación de la asociación heterótrofa de seres vivos en ser vivo superior (constituido en organismos y soma) definido por un nivel más de integración de la acción y experiencia. Así, pues, el heterótrofo de nuevo nivel no hace aumentar sensiblemente la biomasa (ya que, por definición vive sobre la biomasa de nivel más alto preexistente) pero integra sobre las anteriores una nueva red de relaciones entre los seres vivos trabadas por los estímulos propios del nivel superior de naturaleza física distinta de la de los previos.

Pasemos a considerar la aparición y naturaleza de los autótrofos que, en cada nivel, surgen después de los heterótrofos, y cuya evolución caracteriza la segunda parte de la etapa biológica del nivel. La difícil adaptación de unos heterótrofos al autotrofismo (esto es, a aprovechar para obtener su alimento una fuente ambiental de materia y energía inorgánica esto es, no producida por la vida previa) exige que los heterótrofos hayan progresado mucho en su evolución de modo que: (1) estén explotando en condiciones de dura concurrencia los limitados recursos, de origen biológico, que les son propios, y (2) que, en consecuencia, haya progresado mucho su capacidad de acción y experiencia. Precisamente como culminación de esta acción y experiencia propias del nivel, unos determinados heterótrofos llegan a ponerse en condiciones de aplicar a la obtención de su alimento la energía de un nivel inorgánico, hasta entonces no aprovechada por ningún ser vivo. Ni que decir tiene que el autótrofo ha de canalizar esta energía ambiental hacia la producción del propio alimento mediante la aplicación de la forma de acción y experiencia que es propia de los seres vivos del nivel; por tanto, la fuente ambiental de materia y energía que utiliza el autótrofo de un nivel, no es una cualquiera, no basta que sea abundante y que esté en presencia sino que tiene que ser de la naturaleza física congruente con la del organismo (y estimulo) y con la acción somática características del nivel. En consecuencia, los niveles inorgánicos van siendo sujetos a explotación por los autótrofos de los distintos niveles en orden descendente rigurosamente escalonado (como lo están los niveles de integración de los organismos de sucesivo nivel) lo que traba la evolución biológica y la inorgánica de un modo escalonado, inteligible. Para terminar, a diferencia de los heterótrofos: a) los autótrofos, a partir de su fuente trófica ambiental, preparan su alimento mediante un proceso de síntesis, y b) la multiplicación de los autótrofos de cada nivel determinó un aumento sustancial de la biomasa terrestre.

Homeostasis evolutiva. La intima dependencia mutua de los seres vivos (dependencia trabada por su acción y experiencia) hace que la evolución biológica sea un proceso único, integrado, que se cumple en una zona relativamente estrecha (la biosfera terrestre) en el que todo tipo de ser vivo depende, es modelado y toma sentido, del conjunto profundamente coherente de todos los demás. Esta gran coherencia que, en todo momento, ofrece el conjunto de los seres vivos, impone evidentemente la coherencia general de su historia: hay, pues, un único gran proceso de evolución biológica (un todo en evolución) dentro del cual y en función de él han ido surgiendo y transformándose todos los seres vivos. Pues bien, el hecho implica que todo período de la evolución esté caracterizado por un proceso evolutivo principal que afecta a un tipo de seres vivos que progresa más rápidamente y de modo más influyente que los demás. Los seres vivos que progresan, así, en vanguardia de la evolución han de ser los de acción y experiencia superior, que, por definición, son los de nivel de integración más alto en el momento (ya que resultaron de la culminación evolutiva de la acción y experiencia de todo el nivel inferior e integran la suya con esta acción y experiencia culminante previa). Por esto conviene distinguir en la evolución biológica las grandes etapas sucesivas de la evolución molecular previa de la evolución protoplásmica, de la evolución celular y, en fin, de la animal en cada una de las cuales fueron evolucionando, como ser superior, dominante, respectivamente los premetabolitos, los individuos protoplásmicos y sus asociaciones, las células y las suyas, y los animales.

Los seres vivos del nivel superior de cada etapa evolucionan por ventajas selectivas para subsistir mejor en su medio propio o, dicho de otro modo, para modelar mejor este medio hacia la consecución del alimento. Estos seres vivos de nivel superior y sus medios se modelan progresivamente protagonizando la evolución general Ciertamente a este progreso se opone, como arduo freno, la limitada capacidad de acción y experiencia que, en el momento, posean los seres vivos de nivel inferior que constituyan el soma de aquellos. La acción y experiencia del superior, cualitativamente distinta no puede influir (en el transcurso de cada vida) sobre la capacidad de acción y experiencia de los seres vivos inferiores que constituyen su soma. De este modo la evolución del nivel alto depende de la del bajo que, por tanto, ha de progresar simultáneamente como condición sine qua non del progreso del alto.

Ahora bien estas dos evoluciones (la de un ser vivo y la de los seres vivos de nivel inmediato inferior constituyentes de su soma) difieren notablemente entre sí: ante todo, la evolución del alto es más notoria y rápida, pero, sobre todo, es la que establece las ventajas selectivas, ya que el único modo de reproducirse a lo largo del tiempo los individuos del nivel inferior (las células de una estirpe de animales, los individuos protoplásmicos de una estirpe de célula, las moléculas de una estirpe de individuo protoplásmico) es que sobrevivan hasta reproducirse el ser superior al que integran. De modo que las ventajas selectivas que van modelando a los individuos inferiores son aquéllas modificaciones suyas que favorecen indirectamente la capacidad congénita de acción y experiencia del ser vivo superior que integran. (Ni que decir tiene que los seres vivos del nivel inferior constituyentes del soma de los seres vivos inferiores considerados se van modificando, a su vez, por ventajas selectivas para éstos.) A este modo de evolución (por ventajas selectivas para el ser vivo superior) se denomina evolución en homeostasis y, por una parte, es consecuencia de la estructuración de la realidad en niveles de integración energéticomaterial, y, por otra parte, es efecto y causa de la selección natural.

El concepto de homeostasis evolutiva no sólo se aplica a los seres vivos integrantes del soma de uno de nivel superior, sino también a los seres vivos libres o asociados que viven coetáneamente con los de nivel superior, rectores de la etapa. Tales seres vivos inferiores o sus asociaciones evolucionan por ventajas selectivas que como efecto principal no modelan su acción y experiencia, sino caracteres ajenos a éstas pero que secundariamente les resultan convenientes por protegerlos de algún modo frente a la acción y experiencia de los superiores en presencia o porque los adaptan a éstos de algún modo útil. Por ejemplo, muchos caracteres de los vegetales actuales (llores, frutos, púas, etc.) han resultado de la evolución de los vegetales en homeostasis bajo los animales. En fin, dentro del nivel alto en evolución en cada etapa, hay unos tipos que evolucionan en homeostasis bajo otros hegemónicos (así los reptiles han evolucionado en homeostasis bajo los mamíferos y todos los animales lo hacen hoy en proporción creciente bajo el hombre).